martes, 3 de diciembre de 2013

Ficha de ruta

















RUTA: En busca del fuste torsionado

DURACIÓN: La ruta se hizo en 2 días.

RECORRIDO:  Salimos de la localidad de Retortillo de Soria, donde llegamos en coches, desde esta pequeña aldea tomamos una carretera local que nos llevaría a la aldea de Taranceña para después atravesar el desfiladero del río Caracena y llegar a la localidad del mismo nombre. Después de visitar tan medieval y bello enclave donde esta el protagonista arquitectónico y el que da nombre a la ruta, nos dirigimos a la localidad de Gormaz, previamente dejando a nuestro paso: Carrascosa de abajo, Fresno de Caracena y Villanueva de Gormaz. Después de visitar el imponente castillo nos dirigimos a Berlanga de Duero, donde cenamos y pernoctamos. Ya, al día siguiente tomamos camino de Ciruela, Caltojar, La Riba de Escalote, Arenillas, Mojón de la Lastra y dar por terminada la ruta de nuevo en Retortillo de Soria.

CARTOGRAFÍA: Mapa regional de Soria, escala 1:200.000.

CÓMO LLEGAR: Usamos coches.

CÓMO VOLVER: Volvimos, lógicamente, en los mismos vehículos.

BICICLETA RECOMENDADA: Es recomendable bicicleta de montaña.

DÓNDE PERNOCTAR: Hicimos noche tiendas de campaña.

ÉPOCA: La ruta se hizo en primavera

DIFICULTADES: Esta ruta no presenta ningún tipo de dureza digna de reseñar es suave y apta para personas que están empezando en esto del viaje en bici con alforjas.

ATRACTIVOS DE LA RUTA:

Esta ruta presenta varios atractivos: históricos, arquitectónicos (fortalezas, iglesias, pueblos medievales, detalles como el fuste queda nombre a la ruta), paisajísticos.

Recomendable para principiantes.   

Fichas de ruta






















RUTA: Por el Alto Tajo y el Hosquillo

DURACIÓN: La ruta se realizó en 4 días

RECORRIDO:
Nosotros llegamos en tren hasta Sigüenza, una vez allí tomamos rumbo al este camino de Alcolea del Pinar Huertahernando, y Cobeta. Desde allí salimos en dirección Corduente, el barranco de la hoz siguiendo el curso del río Gallo y metiéndonos por el puente de San Pedro por pista hasta Peñalen, desde hay nos dirigimos a Beteta, Masegosa y Poyatos. Salimos dirección Las Majadas y entrando a Cuenca por la hoz del Jucar.  

CARTOGRAFIA: Con los mapas Regionales de Guadalajara y Cuenca, escala 1: 200.000, vale.

CÓMO LLEGAR: En tren Regional Express: Madrid- Zaragoza bajándose en Sigüenza

CÓMO VOLVER: En tren Regional Cuenca- Madrid.

BICICLETA RECOMENDADA: Cualquier bicicleta pensada y preparada para llevar alforjas y equipaje puede usarse, aunque una de montaña es más recomendable.

DÓNDE PERNOCTAR: Son múltiples y variados los sitios donde poder pernoctar, por eso es recomendable llevar saco de dormir y tienda, aunque hay también pensiones, hoteles, etc.

ÉPOCA: La hicimos del 6 al 9 de Septiembre, cuatro días, aunque quizá es más recomendable hacerla con más días: 5 o 6 días, es mejor pues es una ruta exigente.

DIFICULTADES: Esta ruta presenta ciertas dificultades como es la dureza de ir por pista y, la orografía de la serranía de Guadalajara y Cuenca, por eso es recomendable disponer de 5 o 6 días, aún así, es una ruta a recomendar, pues los paisajes y el entorno son admirables, agrestes, bellos, ricos en fauna y vegetación que convierten al Alto Tajo en un paraje único dentro de la península ibérica     

ATRACTIVOS DE LA RUTA:


Esta ruta presenta numerosos atractivos: el bello entorno del los cañones y hoces formados por el río Tajo, la flora y la vegetación, naturaleza en estado puro, con altos farallones, mientras las rapaces, como los buitres sobrevuelan nuestras cabezas, el curso del río Gallo y el río Tajo, localidades como Cobeta, Corduente, Peñalen, Poveda de la Sierra, Poyatos y su entorno verdaderamente admirable, toda una serie de atractivos difíciles de reseñar en unas pocas  líneas, sólo recorriéndolo sabréis de lo que hablo.

jueves, 21 de noviembre de 2013

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Acabo de terminar de leer un libro titulado: Exhibición de Atrocidades, de J.G.Ballard, un libro en el que Ballard pinta un mundo caótico, violento, sórdido, donde la guerra de Vietnam, los coches, las máquinas, la sexualidad como un lugar donde refugiarse, un mundo en que los personajes se mueven entre coches y camas bajo el aliento de un deseo sexual enfermizo, este deseo late en toda la obra, el caso es que el texto que tenéis más abajo esta influenciado por esta lectura, yo he cogido la bicicleta y la mujer como puntos de interés.
Después de leerlo, vais a “ver” la bicicleta de otra manera, ¡¡JA!!, ¡¡JA!! ,JA!!.
Gracias.

La exhibición de atrocidades “biciosas”   (Homenaje a J.G.Ballard)

El cuadro de la bicicleta, con su geometría exacta de tubos cilíndricos, y sus ángulos precisos, en perfecto equilibrio con tus muslos, contrastaba con las pequeñas manchas de aceite que chorreaban por tu tobillo derecho, deslizándose lentamente por tu piel, creando una imagen obscenamente sucia, acrecentada por el lento girar de los pedales.
La brisa de la mañana movía tu melena, al tiempo, que un gemido escondido se dejaba sentir tras el pedaleo parsimonioso y, al calor de tu cuerpo, el sillín se estremecía cuando el cuero terso se dilataba en milímetros de exaltación pseudo erótica.
Los dientes, de los grasientos piñones, duros y brillantes, penetraban lentamente en los intersticios milimétricamente exactos de los lubricados eslabones de la cadena, creando una escena orgásmica en un mundo frío y distante, en un mundo de metal.
Así, te dejabas deslizar por fantasías cargadas de deseos escondidos, en los que la unión de tu bicicleta y tu cuerpo hacían humedecer tus sentidos hasta límites difícilmente soportables y, notabas, como todo tu ser se estremecía de placer por el simple hecho de montarte encima de ella. Era, cuando en un continuo fluir de imágenes que pasaban por tu recuerdos añorabas aquellos intensos momentos cuando gozabas con cada subida y cada bajada, notando en tu sexo el ardor de una pasión desbocada.
En tus axilas, humedecidas por el esfuerzo constante y rítmico se dejaban vislumbrar pequeñas gotas de sudor que se deslizaban lentamente por tus costados, caderas y muslos, mojando con ello pedales, bielas y cadena, llegando a empapar tu paseo con deliciosas fantasías lubricas.
Te estremecía el más mínimo roce de tus dedos sobre los puños de cuero del manillar, de tacto suave, terso, cálido, sintiendo la sensación de acariciar un miembro viril masculino
De tu grácil cuello, lentamente, se deslizaban pequeñas gotas de sudor que bajaban por tu escote para introducirse entre tus senos y empapar tu ombligo mojando tu sexo, ya, húmedo y caliente.
En cada pedalada, entre los húmedos y sensuales labios de tu boca, surgían imperceptibles susurros de placer, provocados por ese constante y rítmico movimiento.   
Las formas sinuosas de tus pechos contrastaban con la rectitud del manillar, que en una perfecta armonía de contrastes se sumaban a las líneas curvas de tus caderas y tus muslos, cuando estos abrazaban el cuadro de tu bicicleta, haciendo de todo ello una bella conjunción geométrica de paralelas y sinuosidades turgentes.
Los tenues pliegues de tus ingles, enmarcaban en tu vaporoso vestido la forma triangular de tu pubis, que acariciaba con lentos movimientos, apenas perceptibles, la erecta forma de un sillín brillante y lustroso, como un glande a punto de estallar.
La fresca brisa de la mañana pegaba tu vaporoso vestido a tus pechos, excitando levemente unos pequeños pezones, que como pequeñas válvulas de escape anhelaban salir de ese etéreo tejido y encontrar su libertad.
Y, así, lentamente, entre oníricos ardores………… llegabas al trabajo donde te esperaba una agotadora y dura jornada, llena de rutinas y diálogos grises y aburridos, hundiéndote despacio en las arenas tibias de la ciénaga diaria.  

lunes, 11 de noviembre de 2013

Paisajes de una bici

Estas fotografías son un recorrido por los paisajes, formas, líneas de 
una Brompton; la belleza que esconden sus pliegues era digna de 
fotografiar, dentro de un estilo determinado.
Espero que os gusten.
































lunes, 4 de noviembre de 2013

Postales
















Ficha de Ruta






RUTA: Ruta por Bellos, Bujaruelo, Ordesa

DURACIÓN: La ruta se hizo en 4 días

RECORRIDO: El viaje lo empecé en la localidad de Ainsa, pedaleando hacia Escalona, y subiendo por el desfiladero del río Bellos, dejando el cañón de Añisclo a la derecha, para continuar a la localidad de Fanlo, para continuar en bajada a Sarvise y Broto y llegar por la tarde a la localidad de Torla.
Al siguiente día cogí la bicicleta con los bultos justos para llegar a Bujaruelo y el valle de Otal, hacer algo andando y volviendo por la tarde a Torla.
El tercer día de ruta pedaleé camino de Ordesa también con los bultos justos, dejando la bicicleta y calzándome las botas para subir hasta Soaso y pasar todo el día en el Parque Nacional.
El cuarto día salí de Torla dejándome acompañar por el río Ara, a mí derecha hasta Ainsa y dando por acabada esta pequeña ruta en la que he conjugado bici+ paseo.

CARTOGRAFÍA: Con el mapa provincial de Huesca, escala: 1: 200.000, no hay problemas.

CÓMO LLEGAR: Usé coche privado.

CÓMO VOLVER: Volví lógicamente, en el mismo vehículo.

BICICLETA RECOMENDADA: Cualquier bicicleta pensada y preparada para llevar alforjas y equipaje puede usarse, aunque quizá sea preferible una de montaña.

DÓNDE PERNOCTAR: Hice noche en un hotel en Torla, como campo base para todos los días.

ÉPOCA: La ruta la realicé en otoño (31 de Octubre al 3 de Noviembre).
Espectacular el colorido en esta época.

DIFICULTADES: Realmente al ser una ruta con un kilometraje corto no hay excesivas durezas, no es una ruta dura con cotas altas.

ATRACTIVOS DE LA RUTA: El impresionante entorno del Parque Nacional de Ordesa y sus alrededores son un entorno privilegiado y en la época que realicé la ruta es sencillamente espectacular.

Los contrastes de color y la Naturaleza en si misma lo dicen todo.

martes, 29 de octubre de 2013

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La chica, la bici y la luna

Había conseguido llegar a donde yo quería. Desde hacía mucho tiempo lo había estado buscando, pero no conseguía encontrar la manera de entrar, pero, al fin, ahí había estado, justo donde me habían dicho que la encontraría.
Todo empezó hace ya mucho tiempo, demasiado tiempo……………
Una mañana, me dirigí a ver una exposición de pintura en una pequeña galería de Arte que habían abierto hacía poco en la zona. En principio, yo no era un entendido en materia de arte pero me gustaba apreciar las formas, las composiciones y la manera que los creadores tienen de percibir el mundo. Así que me dije, me voy a acercar a ver que ponen, así que allí fui. Llame a una amiga y quedamos en vernos en la entrada de la galería. Cuando llegué mi amiga estaba esperándome, entramos.
En la galería había unas cuantas personas ya, curioseando y apreciando algunas de las obras que colgaban de las paredes. Cogimos un folleto que nos entregaban a la entrada y estuvimos hojeándolo antes de entrar;  por lo que pudimos apreciar en él, el autor dejaba patente su pasión por los paisajes abiertos y casi misteriosos, un poco a la manera de G. D. Friedrich. Yo me quedé sorprendido por la biografía del artista, y de su larga y dilatada carrera. Empezamos a recorrer la exposición, francamente las primeras obras no me decían nada en particular, eran meras marinas sin ningún tipo de particularidad salvo que estaban pintadas con una luz de luna, de luna llena, y esa luz se reflejaba en el agua, en un agua oscura, profunda y misteriosa. Según íbamos recorriendo la sala, la luz poco a poco se iba como apagando o por lo menos a mi me lo parecía, mientras que de los cuadros empezaba a surgir una luminosa y azulada luz interior, la atmósfera de la sala empezaba a tornarse fresca como si estuviéramos dentro de los cuadros y la brisa del mar acariciara nuestra piel, podíamos apreciar el sonido de las olas rompiendo en los cercanos acantilados y el murmullo del agua deslizándose por la arena de la playa. Hasta que llegamos a una obra misteriosa y mágica a la vez, en ella se podía ver a una chica de espaldas, desnuda, con una larga y negra cabellera al lado de una bicicleta blanca, mirando fijamente al profundo y misterioso mar, en el momento en el que salía una deslumbrante y luminosa luna llena.
Mire el catalogo de precios y vi que no estaba marcada por ningún lado. Terminamos la visita a la exposición y nos fuimos a tomar algo.
Al día siguiente conseguí encontrar un hueco en el trabajo y bajé de nuevo a la galería, pues me había quedado prendado de la pintura de la chica, la bici y la luna. Al llegar a la galería vi que estaba el autor de las obras y me dirigí a él, estuvo muy amable explicándome un poco su obra y en concreto del cuadro que me interesaba a mí. De él me estuvo diciendo que había sido pintado poco después de que él saliera de un terrible accidente de coche que estuvo a punto de quitarle la vida. Él, cuando estaba en coma llegó a entrar en un paisaje como los retratados y ver a la chica con la bicicleta al borde del agua en una playa larga e infinita, en una noche de luna llena e inconscientemente pintó casi toda la obra que tenía expuesta después de salir del hospital.
Compré la obra y la colgué en el salón de casa. Me pasaba horas mirando aquel cuadro, deseaba entrar en él, deseaba conocer el rostro de la chica de la bici, deseaba sentir la brisa del mar acompañado de esa mujer, pero no sabía cómo, hasta que pasaron los años y llegó el día esperado.

Un día, ya mayor, cruzando la calle me atropelló un coche, estuve en coma durante semanas; días después tuve un sueño, soñé que había estado en una playa, oscura, misteriosa. En él algunas estrellas se podían apreciar en el cielo, En el horizonte se podía vislumbrar un pequeño rayo de luz blanquecina y definiéndose un poco más un pequeño arco luminoso, era la luna que empezaba su ascenso por el cielo, justo enfrente de donde yo estaba en ese momento. Y, de repente ocurrió, de una pequeña abertura en el acantilado salió una chica vestida de blanco, pedaleando sobre una bicicleta blanca, se acercó al agua, dejó la bicicleta, se desnudo, me miró y me indicó que me acercase a ella, me cogió de la mano y juntos nos metimos lentamente en el agua. La luna llena iluminaba nuestros cuerpos hasta que desaparecimos bajo las oscuras y profundas aguas del mar. 

viernes, 25 de octubre de 2013

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El ejecutivo

La estación estaba llena de gente, iban de aquí para allá creando una sensación como de hormigueo o de panal de abejas, todo el mundo de un lado para otro, unos buscando a alguien, otros la mayoría, yendo rápidamente al anden por el cual salía su tren, cargados con sus bultos, sus maletas y demás enseres. La verdad es que no era de extrañar siendo el día que era. Miré en el panel de información la vía por la que salía mi tren. Me dirigí a la vía 10 por la cual salía el Regional con destino a la ciudad de León; subí a mi vagón y me senté en el asiento que correspondía a la cifra que indicaba mi billete, el número 124, saqué el ordenador portátil y me dispuse a leer con tranquilidad las noticias acaecidas en el mundo. Lo siento, todavía no he dicho que era un ejecutivo de una empresa, con una sede en León y con una muy buena proyección en el mercado internacional y me dirigía a solventar “in situ” algunas gestiones en nuestra sede de León. Iba a intentar cerrar un contrato con una firma sueca que venía a instalarse allí y que con nuestra colaboración daría, un, si cabe, mayor impulso al negocio en el que estábamos embarcados. Una asociación que venía bien a ambas partes.
Pero, la verdad, no estaba cómodo, me sentía como vacío realizando este trabajo, no sé, me faltaba algo, pero no sabía qué.
Faltaba poco para salir cuando de repente unas voces me rompieron la concentración de la lectura. Unas cinco personas entraron con seis bicicletas por la puerta que tenía enfrente de mí – y que daba a un espacio diáfano – todas las bicis llevaban alforjas, unas en su parte trasera y delantera, otras sólo en la parte trasera. Me sorprendió que fueran cinco y llevaran seis bicicletas, ¡¡bueno!!, me dije, se encontraran con alguien en otro sitio o alguien se ha quedado en el hall de la estación comprando algo. Se movían con rapidez, había uno que debía ser el que tenía más experiencia en el tema, que daba indicaciones de cómo tenían que quitar los bultos para que las seis bicis se pudieran apilar en una parte del espacio ubicado para ellas, y así tener más hueco para poder estar más cómodos dentro del vagón.
Me quedé observándoles, - ya rota la concentración de la lectura – y pude comprobar que eran tres chicos y dos chicas, tenían los rostros curtidos por el sol y por el aire, y se les veía alegres y distendidos en sus maneras de comportarse. De repente el tren se movió, por fin nos íbamos. Todavía seguían colocando sus equipajes los ciclistas cuando la puerta que daba a la cabina del maquinista se abrió y salió el interventor pidiendo los billetes, les dijo a los ciclistas que adonde se dirigían y que si podían hicieran el favor de colocar mejor las bicicletas para que no obstaculizaran el paso. Ellos retocaron un poco las posiciones de las bicis y se acoplaron en los asientos que había. El interventor ni se fijo en que el número de personas no coincidía con el número de bicicletas, y siguió su rutina habitual de verificar los billetes a los demás pasajeros del tren.
Llevaríamos una hora de viaje más o menos cuando cansado de trabajar con tablas y balances, levanté la vista del portátil y me fijé en los ciclistas, eran cuando menos peculiares, nada parecido a los que veía normalmente por las carreteras o por esos carriles bicis los domingos por la mañana, todos ellos enfundados en sus maillots o culottes. Uno de ellos, el que más cercano se encontraba de mí estaba leyendo un pequeño libro, su rostro estaba concentrado en la lectura; una de las chicas, se quitaba de vez en cuando unas minúsculas gafas, reflexionando y se ponía a escribir algo en un pequeño cuaderno, color sepia y con aspecto de muy usado. Los otros chicos estaban jugando al scrabble en un tablero minúsculo, de estos pequeños, en los que las fichas están imantadas por debajo. Y la chica del fondo miraba ensimismada el paisaje que discurría detrás de los cristales del tren. Me quedé observándola detenidamente, tenía una presencia como de diosa griega, melena recogida en una pequeña trenza por detrás y un semblante sereno y distante, que la hacían distinguida y altiva, de sus ojos claros se desprendía una luz limpia y bella, me pregunté en donde estaría en este momento, en qué o en quien estaría pensando o, quizá, simplemente miraba al horizonte infinito, que se divisaba desde el tren en ese momento. No lo sé, pero me quedé tan embelesado contemplándola que me vi montado sobre una bicicleta y percibiendo el paisaje, los días y la vida de otra manera. Me vi surcando desfiladeros, en los que la luz del sol apenas entraba y por los que corría un río de aguas transparentes y cristalinas, me vi rodeado de árboles, en un bosque impenetrable, me vi despertándome al amanecer de un nuevo día en un valle lleno de color y de luces cuasi mágicas.
…………….

El tren llegó a León y en el asiento 124 alguien dejó un ordenador portátil, una corbata y una chaqueta; por la carretera camino de la reserva nacional de Mampodre se deslizaban seis bicicletas y seis viajeros, pedaleando sin prisas, la luz del sol bañaba sus rostros y la armonía les acompañaba.



martes, 22 de octubre de 2013

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Llovía

Llovía, las pequeñas gotas de agua se deslizaban lentamente por el cristal de la ventana,
y como un rítmico tic-tac de un reloj se dejaban oír en el canalón creando una hipnótica atmósfera. Detrás de los cristales, dejándose llevar por ese constante sonido, la mirada gastada de Cristóbal se perdía en la nostalgia del pasado y, en un sueño lejano, inalcanzable; detrás de él, sentada con una tela entre las manos, Soledad cosía, cercana a la lumbre del hogar………..
Apenas habían salido nunca del pueblo, salvo Cristóbal cuando tuvo que hacer el servicio militar, que tuvo que bajar a la ciudad más importante de la región. Ambos habían llevado una vida tranquila aquí en el pueblo, se conocieron en las fiestas, un verano, y a partir de ahí toda la vida sin separarse uno del otro. Cristóbal trabajando en el campo y Soledad cuidando de la casa y de los niños. Alguna vez a Cristóbal se le pasaba por la cabeza que no le había dado a Soledad alguna sorpresa, como por ejemplo, un viaje, pero es que siempre habían tenido mucho trabajo en los campos, con  la casa, con los niños, que les impedía hacer esa escapada, pensada por Cristóbal, además carecían de coche y la verdad es que a Cristóbal nunca se le había ocurrido tener uno, allí en el pueblo se vivía bien sin esos trastos.
En todo esto pensaba, mientras miraba a través de los cristales, como la lluvia caía mansamente mojando los prados, ahora, de un verde más intenso que de costumbre; el campo estaba bonito así, mojado y desde la ventana se podía apreciar el centenario bosque de castaños que ya empezaban a colorearse, tomando esos colores calidos que tanto les gustaban a ambos, cuando la lluvia diera descanso y llegaran días en los que los rayos de sol calentaran la tierra y los campos, irían al bosque a coger castañas para después comérselas al calor de la leña. Lo que más le gustaba a Soledad no era el hecho mismo de ir a por castañas, sino andar, sentir, oler el bosque húmedo y como la hojarasca se enredaba bajo sus zapatos de madera, con ese sonido tan particular. Ella siempre encontraba un pequeño hueco en las labores diarias para salir a dar pequeños paseos por él, ahora eran cada vez más cortos, porque las piernas no eran las de antes y porque ahora iba con Cristóbal y de vez en cuando se paraban a contemplarlo callados, silenciosos, escuchando los infinitos cantos de los pájaros del bosque, al lado del arroyo que bajaba de la montaña, una montaña que presidía el valle como si fuera una poderosa ave rapaz, abriendo sus extraordinarias alas y abrazando el valle, al pueblo y al bosque.
La tarde transcurría en paz; en el horizonte, el cielo grisáceo empezaba a dejar ver pequeños claros de color azul, que empezaban a dejar entrar incipientes rayos de sol que iluminaban el bosque, creando pequeñas volutas de vapor, que ascendían al cielo, creando una sensación de pequeños incendios entre los centenarios castaños. Poco a poco los rayos del sol fueron invadiendo el valle y la luz empezaba a llenarlo todo, cuando Cristóbal vio venir a lo lejos, por la carretera dos siluetas, un poco más tarde percibió con más claridad que se trataba de dos personas, dos ciclistas que iban cubiertos con chubasqueros y cargados de alforjas. Apenas se les podían ver los rostros pues los cubría una capucha. Se pararon justo debajo de la ventana donde Cristóbal les observaba.
Despacio, bajaron de sus bicicletas y se empezaron a quitar los chubasqueros, entonces Cristóbal advirtió que eran una mujer y un hombre, pero cual no sería su sorpresa cuando los dos ciclistas levantaron sus rostros hacía donde él estaba: eran él, Cristóbal y Soledad quienes estaban allí, riéndose, mirándole, con las caras empapadas por la lluvia, pero felices, al lado de unas voluminosas bicicletas…………….

Llovía, y las gotas caían repetidamente en el canalón, creando una hipnótica atmósfera. Detrás de los cristales Cristóbal se perdía en un sueño y Soledad le acompañaba.

sábado, 19 de octubre de 2013