viernes, 26 de julio de 2019

Relato veraniego

Caminos diferentes

¡¡Venga, Borja estáte quieto!!, le decía Maria, -mi mujer-, mientras el condenado niño, ¡¡bueno!!, no tan niño ya,- mi hijo-, no paraba incordiar a su hermana pequeña no dejándola mirar el móvil. Habíamos cogido las vacaciones y estábamos en un pequeño pueblo de las montañas del norte, en un pequeño jardín, al lado del hotel donde nos hospedábamos, “disfrutando” del verde paisaje y su hermoso valle, que se habría ante nuestro ojos, el día había amanecido espectacular con una luz limpia y fresca y la temperatura acompañaba esa sensación grata y deliciosa que tienen los días de verano, cuando no se está sometido a horarios, ni presiones rutinarias laborales, pero…, Susana, empezó a llorar, su hermano se había pasado de la raya, y la había llevado al limite de su aguante,… se acabo la calma del momento.
¡¡Es que le consientes demasiado!!, ¡¡es que este crio no esta educado!!, pero, ¡¡Jorge!!, ¡¡dile algo!!, y, aquí me ven a mí, aguantando el chaparrón, yo, que soy un sujeto pasivo, familiarmente hablando, -¡¡bueno y para más cosas!!-, como quien dice; tengo para mi que los hijos son más de mi mujer, que míos, pues creo, que ella me había usado para tenerlos y yo había hecho bien poco,¡¡vamos que me había dejado hacer…, casi todo el día metido en el despacho, de aquí para allá, clientes vienen, clientes van, así que en casa, llego, ceno y a la cama y, al día siguiente temprano de vuelta al trabajo, esa es mi vida, cual hámster girando su rueda dentro de una jaula invisible… 
Así, transcurría la mañana, habíamos desayunado en el hotel y enseguida nos habíamos sentado en el pequeño jardín anexo a la cafetería, donde los niños se explayaban con sus pantallas, y a nosotros nos dejaban en paz, Maria con su móvil última generación se comunicaba con sus amigas, cotilleando, chismorreando temas de los llamados rosas, y yo enfrascado con el portátil, estudiando un proyecto que teníamos entre manos en el despacho de arquitectura, de vez en cuando levantaba la mirada de la pantalla y me extasiaba con la majestuosidad de la montaña que teníamos enfrente y se me pasaban por la cabeza mil y una idea, que jamas podía llevar a cabo, pues las circunstancias, la dinámica del dia al dia, los niños, el trabajo,… me impedían realizarlas o, yo, que era un parado, un soso para todo, no sé.
Había transcurrido la mañana cuando a eso del mediodía, dejé de mirar la pantalla un instante, y pude vislumbrar por la pequeña carretera que teníamos enfrente del hotel, que unas siluetas se acercaban despacio, con un leve murmullo que contrastaba con el del río que transcurría más abajo en el valle. Al irse acercando pude identificar a cuatro personas que iban en bicicleta, cargados con equipajes cada uno de ellos, supuse que eran una familia, pues eran una pareja de adultos y dos chicas adolescentes, despacio, llegaron hasta la zona donde nos encontrábamos, frenaron sus bicicletas y bajaron de sus pesadas monturas. La pareja de adultos nos saludó levemente y se metieron en la cafetería, las chicas se quedaron al lado de las bicicletas, mientras sus padres, por lo que pude observar más tarde, pedían unos refrescos y se sentaban en una mesa en el jardín del hotel.
Allí estaban, altos, bronceados, con ese tono de piel sano de haber estado al aire libre, al viento, mucho tiempo,… por lo que pude apreciar y oír hablaban en un idioma extranjero, parecía nórdico, no sé, dialogaban y reían de alguna anécdota, -supuse- del viaje, estaban distendidos y relajados, ninguno tenía estos artilugios que teníamos nosotros, ellos se miraban, compartían el instante, sintiéndose grupo; mi familia, y yo mismo, cada uno, con su pantalla, como autistas del siglo XXI, cada uno en su jaula tecnológica. Pensé, cuan diferente percepción del instante, del momento, de la vida, y más ahora, en vacaciones. Me preguntaba muchas cosas, entre ellas, si nosotros: Maria, Borja y la pequeña Susana podríamos algún día ser capaces de realizar algo parecido a lo que estaban haciendo esta familia, me preguntaba si llevaban tiempo realizando esa actividad, cómo serian en su vida normal, en qué trabajarían, si su vida era como la nuestra, como la mía, en concreto.
La verdad es que sabiendo como es Maria dudo mucho que fuera capaz de coger una bicicleta,- siempre con la moda, la estética, el qué dirán-, y, encima cargada hasta los topes y pedalear por esas carreteras, pues apenas hace deporte, sólo algo de natación y con sus amigas, y yo, que decir, hace años que no hago ninguna actividad deportiva, desde que me casé, dejé de coger la bici, ya que Maria no le gustaba; antes, sí salía con la gente de la Universidad, pero una vez llegaron los niños ni tan siquiera lo pensaba; veía a este grupo de personas y pensaba, en si no estaríamos haciendo algo mal, -no estaría yo haciendo algo mal-, no nos estaríamos equivocando en nuestro camino, -no me estaría yo equivocando-, en nuestra vida, con esta pasividad vital, del día al día, en la que nos encontrábamos tanto Maria como yo mismo y, estos chavales de ahora que sólo pensaban en sus móviles, no sabrían vivir sin ellos, ¡¡que triste!!, por lo menos, cuando yo era niño, más de una vez iba con mi abuelo al huerto a coger tomates y al establo a recoger la leche, pero, estos, qué saben, qué viven, más allá de una realidad virtual, de un sucedáneo de vida, si son, somos zombis mentales…desde luego habría que parafrasear a John Lennon, con aquella famosa frase: “La vida es aquello que nos pasa cuando estamos mirando una pantalla”.

De repente, unos pequeños sonidos me hicieron volver de mis divagaciones existenciales, era el rítmico sonido de unas cadenas, engranando con los dientes de los piñones, en las bicicletas, que lentamente se alejaban por la estrecha carretera, entre los árboles, cuatro siluetas se perdían, se difuminaban camino de la montaña y del valle, deslizándose con la luz hasta desaparecer. 

miércoles, 17 de julio de 2019

Relato

Nunca es tarde para aprender...

Te toca a ti, despierta, que Jara esta llorando, tienes el biberón encima de la mesa listo para calentarlo, le dijo Ainhoa.
Y, allí voy yo, con las legañas pegadas a los ojos y todavía en ese duermevela que impide reaccionar y te hace ir como un zombi por la casa.
Quien me iba a decir a mí, hace dos años, que iba a estar en estas circunstancias y ser como soy en este momento, cuando hace dos años era, y lo digo con sinceridad, un mequetrefe cultural, un palurdo empático y un ignorante medioambiental, de mucho cuidado, yo, que con mi narcisismo galopante y mi ego elevado a la infinita potencia, no veía más allá de mi tupe.

“Era un día nublado, de una incipiente primavera que se hacía esperar, el día presagiaba lluvia y así fue; desde mi silla de trabajo podía ver como empezaban a deslizarse pequeñas gotas de agua, por los grandes ventanales de doble acristalamiento y la mañana, melancólica, transcurría con cierta tranquilidad, cuando al poco tiempo de estar embobado y mirando las musarañas, un pequeño murmullo detrás de mí, me hizo girar la cabeza, eran la jefa de departamento, el de recursos humanos y una chica desconocida, que por lo que pude escuchar había sido recién contratada y la estaban informando de como se organizaba la sección. 
Me llamo la atención que sujetaba en su mano derecha una bici, de esas que llaman plegable,- yo, he de decir, que en aquellos tiempos, persona “seria y civilizada”, acudía siempre al trabajo en mi flamante vehículo privado, de más o menos cuarenta mil euros-, Brompton, creo que ponía en el tubo principal. Pensé, para mis adentros ¡¡Vaya qué tenemos aquí, una hippie!!, lo que nos faltaba, seguro que es una “ecologista”, de esas que come, “porexpan” , bebe zumos hechos de cualquier planta exótica y práctica yoga.
¡¡Ah!!, esas personas que se creen que van a cambiar el mundo con sus utopias, cuando el sistema capitalista y de libre mercado es lo mejor que hay. Si supieran que el capitalismo les esta poniendo continuamente caramelos para que caigan en la trampa, como por ejemplo: ese concepto de turismo sostenible, ¡¡JA!!, que incrédulos, no existe tal cosa, pues cualquiera sabe que todo deja residuos, hasta esos que se van a recorrer en bici territorios inhóspitos, pero se desplazan hasta allí en avión, con el consumo energético que supone y la contaminación que provoca el trafico aéreo, no ven o no lo quieren ver, que es otra excusa más para seguir vendiendo, que es lo importante, sobre todo para mis ganancias, que tengo en acciones de compañías energéticas.
Alimentos ecológicos, ¡¡JA!!, sobre todo cuando vienen de tres mil kilómetros de distancia, cuando no de más lejos, y, entre medias se usan camiones, barcos o vete a saber qué, movidos por gas-oil y con un montón de intermediarios por el camino.
¡¡Ah!!, no saben cuan podrido esta este planeta, pero a mí, con que no me toquen mis campos de golf, y me sigan haciendo autovías hasta mis pistas de ski, que sigan ilusionados en sus utopias, pobrecitos, y, ahora, les da por cerrar al tráfico las ciudades, ¡¡JA!!, pero quienes se han creído, valientes descerebrados, no saben que las ciudades son de nosotros, que la calle es nuestra, de los que podemos, porque nosotros lo valemos, ¡¡Yo, ¿voy a ir en metro?, ¡¡JA!!, pero en que cabeza cabe.

¡¡Rafa!!,¡¡Rafa!!, pero, ¿donde estas?, espabila, mira te presento a tú nueva compañera de sección, creo que os llevareis bien, me dijo Marta la jefa de departamento,… se llama Ainhoa.

domingo, 14 de julio de 2019

Texto


El viaje o el tiempo de los regalos

Escribo estas líneas en la última noche de la ruta, mis compañeros de viaje duermen, reposando de la inesperada dureza del final de la etapa de hoy. Desde la ventana de la pequeña habitación percibo la suave brisa de la noche, acompañada de ese silencio casi mágico de las montañas que nos rodean, en el aire, todavía quedan olores de madera quemada en los viejos hogares.
Hace cuatro días que salimos de la gran ciudad y nada sabía de las personas que me iban a acompañar en esta pequeña ruta en bicicleta, por las montañas del norte.
Ahora, rodeado del silencio de la noche y de la tenue luz del frontal vuelvo a aquellos tiempos en los que siendo un crio empezaba a descubrir a las personas que me rodeaban, a conocer el entorno donde poco a poco me fui haciendo mayor, nada sabia, ni de ellas, ni de los paisajes que me rodeaban, con el tiempo y con la vida vas descubriendo, aprendiendo, conociendo y valorando; el viaje de la vida, como un tiempo de regalos, nos trae a todos infinitos caminos que recorrer, unos dejan crecer largas ramas siempre en un sentido, otros desarrollan una extensa e intrincada red de ramificaciones cual copa de viejo roble,… en este corto viaje de cuatro días, el tiempo se ha ido llenando de paisajes luminosos, de pequeños sufrimientos, de averías inesperadas, de aprendizajes, de descubrimientos,… de vida, de luces y de sombras, de alegrías y de penas, como una pequeña metáfora del mismo viaje vital y existencial de cada uno de nosotros.
Es ese hermoso tiempo de regalos, humildes, sencillos, austeros los que en realidad sin apenas darnos cuenta y casi ni siquiera apreciarlos conforman la vida de cada uno de nosotros

La ruta ya esta terminando, mañana cada uno, cada una, volverá a sus rutinas, sus quehaceres, en definitiva su vida, todo habrá pasado, todo será pasado…
Sonia volverá a sus clases, a lidiar con esos pequeños tiranos, Andrés, a sus horarios esclavizantes de los que - según me ha confesado- quiere romper definitivamente, Paco, a seguir sus oposiciones y su rutina de estudios y Paula al laboratorio, donde, gracias a una beca tras otra, sigue llevándose algo de dinero a la cartera e inflando su extenso curriculum. 
¿Volveré a saber de ellos?,… no lo sé, cada uno vuelve a su pequeña “celda o, isla”, o como queramos llamarlo, pero…, lo que no me cabe ninguna duda es que permanecerán en mi memoria
unidos a unos momentos placenteros, llenos de sonrisas -“la sonrisa de Sonia, siempre”-, a momentos agradables, plagados de diálogos jugosos y surrealistas -“la lucidez de Andrés-,
momentos destornillantes, con el fresco humor de Paula y, por supuesto, “la sabiduría viejuna” en las observaciones, de Paco, todos hicieron del viaje algo único e inmanente. 

Ahora, con el cansancio cerrándome los ojos cierro este diario de ruta, ya es tarde, y mañana daremos por finalizado ese esbozo de viaje materializado, que un día fue una fugaz idea, pensamiento, abstracción, algo etéreo, imaginado,…algo que no era, no existía,
Como la misma vida, un día llegamos, iniciamos nuestro viaje, nuestro tiempo de regalos y algún día, como muchos otros, lleno de luz, nos vamos, regresando a esa abstracción de la que vinimos…



lunes, 17 de junio de 2019

Dibujos


Dibujos de la Ruta de los Desfiladeros


El Molino
Arenas de Cabrales

Torre del campanario
de Santa Maria de Lebeña
(Desfiladero de la Hermida)
Iglesia de Santa Maria de Lebeña
y Olivo
(Desfiladero de la Hermida)


Puente del Molino de Potes
(Picos de Europa)


domingo, 16 de junio de 2019

Ficha de Ruta


















Ruta de los Desfiladeros

RUTA: Por los Desfiladeros de Beyos, la Hermida y de la Hoz

DURACIÓN: La ruta se hizo en 4 días.

RECORRIDO:
El recorrido en bicicleta parte de la localidad de Boca de Huérgano, internándose por la comarca de la Reina, dirigiéndose seguidamente a Santa Marina de Valdeón, Posada de Valdeón y dando por concluida la primera jornada en la localidad de Oseja de Sajambre.
El segundo día atravesamos el primer desfiladero de la ruta el de los Beyos, espectacular tajo que, -dicen, es más bello que la garganta del Cares,-  rompe los picos de Europa de sur a norte, llegando a la localidad de Cangas de Onis y siguiendo camino hacia Arenas de Cabrales, donde hicimos la segunda noche.
El tercer día salimos desde Arenas rumbo a Panes y Potes atravesando el segundo desfiladero de la ruta: el de La Hermida, visitando la pequeña joya románica de Santa Maria de Lebeña dando con nuestros “maltrechos” cuerpos en la localidad de Potes.
El cuarto día hicimos una corta visita al Monasterio de Santo Toribio de Liébana y siguiendo ruta camino del Puerto de San Glorío que coronamos y, seguidamente atravesamos después de pasar la localidad de Llanaves de las Reina el tercer desfiladero de la ruta: el de La Hoz, cuyas formaciones rocosas le hacen singular y le dan un toque de magia.

CARTOGRAFÍA: Mapa regional de León, Asturias y Cantabria, escala 1:200.000.

CÓMO LLEGAR: Se uso coche privado.

CÓMO VOLVER: Se volvió lógicamente, en el mismo medio.

BICICLETA RECOMENDADA: Cualquier bicicleta vale, “incluso eléctricas”.

DÓNDE PERNOCTAR: Se hizo noche en hostales.

ÉPOCA: La ruta se hizo en Junio.

DIFICULTADES: Esta ruta,  presenta la dureza propia de la geografía cercana a los Picos de Europa, pues aunque el primer día no presentaba excesivos desniveles, si había que subir dos puertos el de Pandetrave y el de Panderueda, haciéndose algo durillo; el resto de la ruta es francamente sencilla, hasta llegar a cerrar el circulo subiendo el Pto de San Glorio desde una cota muy baja y terminar la ruta en Boca de Huérgano.

ATRACTIVOS DE LA RUTA:
Empezando por la impresionante panorámica que se abre a los ojos del viajero, desde el collado de Pandetrave, donde la mirada se extasía ante la majestuosidad de los Picos de Europa, siguiendo por la belleza de dejarse deslizar con la luz, por el angosto desfiladero de los Beyos, apreciando las montañas, los bosques, las pequeñas aldeas y siempre siguiendo hilos de agua, ya fuera el Sella, el Cares o, el Deva, apreciando la joya románica de Santa Maria de Lebeña, con su ara celta más antiguo que la misma iglesia, el bello desfiladero de la Hermida, el conjunto arquitectónico de Potes, rodeándonos siempre de verdes laderas vestidas con espesos bosques de robles, hayas, avellanos, encinas,… y abrazados por el melodioso canto de los infinitos pájaros que nos saludaban al pasar. Dando por concluida la ruta por los fantásticos escenarios que se abren al ir ascendiendo el puerto de San Glorio.
La gastronomía de la ruta merece capitulo aparte, pues no hay que obviarla, desde los quesos, los cocidos lebaniegos y montañés, la sidra, los panes, todo es un compendio de placer para los sentidos, que no hay que eludir cuando se viaja por estas tierras como lo hacemos nosotros, despacio y sin prisas, saboreando hasta los silencios.  



domingo, 12 de febrero de 2017

miércoles, 4 de enero de 2017

Ilustración

 ¿ Árboles o Bicicleta ?

martes, 29 de noviembre de 2016

viernes, 24 de junio de 2016

Dibujos



Postales

Paseo por el Santuario de Ordesa








domingo, 13 de diciembre de 2015

Postales



















La Bobia, posiblemente el primer bar 'oficial' de 'La Movida Madrileña', recupera su entrañable nombre reconvertida ahora en una cosmopolita neo-taberna de sabor asturiano. ¡Cuantos recuerdos!
Aquel local mítico que abría sus puertas los domingos 'after hours' a quienes resacosos de la Sala Rock Ola, pero ávidos de mas intensidad poblábamos con desparpajo y roncas carcajadas los amaneceres de El Rastro de Madrid, donde una colorida fauna humana ocultaba sus vampíricos ojos tras gruesas gafas de plástico negras, tratando de mantener viva la noche durante unas horas mas.
La Bobia era entonces una taberna de casi 80 años de historia, añejas instalaciones y discretos camareros de pajarita negra, que se llenaba de contrastes con los imposibles modelitos ochenteros de los trasgresores de la época, artistas, músicos, teatreros, diseñadores ..., sin olvidar a los que hacían un arte de su arte y de su vida. Un lugar para curar la resaca a base de cervezas y de cafés, compartir un porro mañanero y algo mas - las continuas visitas a los lavabos eran legendarias- , y por encima de todo la última oportunidad de ligue de los mas desafortunados
En su vieja barra se gestaron a fines de los 70, los primeros signos de la revulsión festivo-socio-cultural que explosionó después en la llamada 'Movida Madrileña'. Allí comenzó para algunos un camino artístico repleto de éxitos y para otros, demasiados, los primeros pasos de la crónica de una muerte anunciada: talentosos artistas que se extraviaron en el camino de encontrarse a sí mismos.
Sus paredes deslucidas fueron testigos de los rodajes de cineastas de la talla de Fernando Fernán Gómez y Pedro Almodóvar, este último inmortalizando para siempre el espíritu ávido y lujurioso de aquellos gloriosos años en su film Laberinto de Pasiones. Tras sus movidos años de esplendor, fue vendida por su antiguo dueño en los años 90, perdiendo entonces su identidad tan castiza -y tan marginal a la vez-, aunque en realidad su nombre hace referencia a una sierra asturiana.
Ahora vuelve La Bobia, llenando de nostalgia los corazones de quienes disfrutamos durante aquellos años irrepetibles de las repintadas sillas celeste-verdosas de su antigua terraza, especialmente en aquellas insólitas e inolvidables mañanas de domingo de los primeros tiempos de 'La Movida Madrileña'
Tendremos que acostumbrarnos sin embargo a su nuevo estilo; nuevos tiempos que crearán nuevos recuerdos: más in, y menos off, más above y menos underground. 

Texto de: Myriam Verónica G. Lago


domingo, 8 de noviembre de 2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

miércoles, 7 de octubre de 2015

postales

Un toque de elegancia

domingo, 27 de septiembre de 2015

Texto

El aroma del tiempo (o, excusas para andar en bicicleta).

(Extractos sacados del libro: El aroma del tiempo de Byung-Chul Han,
editado por Pensamiento Herder)
Byung-Chul Han, es profesor de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

El aroma es lento. Por eso no se adecúa, ni desde una perspectiva medial, a la época de las prisas. Los aromas no se pueden suceder a la misma velocidad que las imágenes ópticas. A diferencia de estas, ni siquiera se dejan acelerar. Una sociedad regida por los aromas seguramente no desarrollaría ninguna propensión al cambio y la aceleración. Se alimentaría del recuerdo y la memoria, de la lentitud y la perdurabilidad. Pero, en cambio la época de las prisas es un tiempo de visión “cinematográfica”. 
Acelera el mundo convirtiéndolo en un “desfile cinematográfico de las cosas “*. *(M.Proust, El tiempo recobrado)
El tiempo se desintegra en una sucesión de presentes
La época de las prisas no tiene aroma. El aroma del tiempo es una manifestación de la  duración. Rehúye la acción, el goce inmediato. Es indirecto, da rodeos.

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En el aire del camino  de campo, que cambia según la estación, madura la sabia serenidad, con un mohín de que, a menudo, parece melancólico (…). En su senda se encuentran, la tormenta de invierno y el día de la siega, coinciden lo vivaz y excitante de la primavera con lo quedo y feneciente del otoño, están frente a frente el juego de la juventud y la sabiduría de la vejez. Pero todo rebosa serenidad al unísono, cuyo eco el camino de campo lleva calladamente de aquí para allá. *
*(M. Heidegger, camino de campo)

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La sociedad de consumo y del tiempo libre presenta una temporalidad particular. El tiempo sobrante, que se debe a un aumento de la productividad, se llena con acontecimientos y vivencias superficiales y fugaces. Puesto que nada se ata al tiempo de manera duradera, parece que este transcurre muy deprisa o de que todo se acelera. El consumo y la duración se contradicen. Los bienes no duran. Llevan inscrita la caducidad como elemento constitutivo. El ciclo de aparición y desaparición de las cosas es cada vez más breve. El imperativo capitalista del crecimiento lleva consigo que las cosas se produzcan y se consuman en un lapso de tiempo cada vez más corto. La presión del consumo es inmanente al sistema de producción. El crecimiento económico depende del consumo y el uso vertiginoso de las cosas. La economía basada en el consumo sucumbiría si de pronto la gente empezara a embellecer las cosas, a protegerlas frente a la caducidad, a ayudarlas a lograr una duración.
En la sociedad del consumo se pierde el demorarse. Los objetos de consumo no dan lugar a ninguna contemplación. Se usan y se consumen lo más rápido posible, para dejar lugar a nuevos productos y necesidades. La demora contemplativa presupone que las cosas tienen una duración. La presión del consumo, sin embargo, suprime la duración. Tampoco la llamada desaceleración crea una duración. En lo que se refiere a la actitud de consumo, el show food no se diferencia en nada sustancial del fase food.
Las cosas se siguen consumiendo. La mera reducción de la velocidad no transforma el ser de las cosas. El problema es que la duración, la perdurabilidad y el sosiego amenazan con desaparecer completamente o se alejan de la vida. El Heidegger tardío contrapone “la vacilación”, “la serenidad”, “el recato”, “la espera” o “la retención”, que son formas de ser de la vita contemplativa, a “la necedad del trabajo”*.
Todas ellas remiten a una experiencia de la duración. El tiempo del trabajo, el tiempo como trabajo, no tiene duración. Consume el tiempo produciendo. La perdurabilidad y el sosiego rehuyen el uso y el consumo. Crean una duración. La vita contemplativa es una praxis de la duración. Genera otro tiempo al interrumpir el tiempo de trabajo.
* M.Heidegger, Camino de  Campo

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La vida ocupada, a la que le falta cualquier dimensión contemplativa, no es capaz de la amabilidad de lo bello. Se muestra como una producción y destrucción aceleradas. Consume el tiempo. Tampoco en el tiempo libre, que se mantiene sometido a la compulsión de trabajar tiene otro comportamiento en relación al tiempo. Las cosas se destruyen y se mata el tiempo. La demora contemplativa concede tiempo Da amplitud al ser, que es algo más que estar activo. La vida gana tiempo y espacio, duración y amplitud, cuando recupera la capacidad de contemplativa.
Si se expulsa de la vida cualquier elemento apacible, esta acaba en una hiperactividad letal. La persona se ahoga en su quehacer particular. Es necesaria una revitalización de la vita contemplativa, puesto que  abre el espacio de respiración. Quizá el espíritu deba su origen a un excedente de tiempo, un otium, una respiración pausada. Se podría reinterpretar  pneumas, que significa tanto “respiración” como “espíritu”.
Quien se queda sin aliento no tiene espíritu. La democratización del trabajo debe ir seguida de una democratización del otium, para que aquella no se convierta en la esclavitud de todos. Así dice Nietzsche:

Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase por tanto entre las correcciones necesarias que deben hacerle al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo*

*F. Nietzsche, Humano, demasiado humano.

miércoles, 8 de julio de 2015

Texto

Escenas

Amanecía, en las calles del barrio antiguo, la suave luz de la primavera transfiguraba las fachadas de los antiguos edificios, dejando apreciar en sus bellos portales las tallas lentamente talladas por artesanos sin nombre ni firma.
El silencio, apenas se veía roto por algún taconeo rápido y seguro. Al doblar la esquina me fije en él: un hombre menudo y lleno de sucios harapos empujaba lentamente una bicicleta cargada con un carro de la compra abarrotado de tubos, estantes metálicos y algún que otro trozo de metal, ya oxidado.
Negro como el tizón y desgreñado, hacía mucho tiempo que no veía una pastilla de jabón y un grifo de agua caliente, mascullando entre dientes se dejaba arrastrar paralelo a la bicicleta, tan sucia como su dueño.

…………….

Iba rápido, pero con una elegancia diríase innata, pedaleaba con fluidez y su vestimenta denotaba un gusto por el diseño y por la moda, además la bicicleta aparentaba ligereza, y en sus líneas un marcado acento futurista. Atravesó la calle como diciendo: ¡¡Eh!!, que estoy aquí, que yo soy yo y, he roto el molde.
Sí, con una bici fixie negra con pequeños detalles color miel, dejo un cierto poso de elegancia entre el ruido, los humos, las prisas y el colapso de estas horas en las calles de la ciudad.

…………….

Parada en el semáforo y con el sol iluminándola de escorzo realmente parecía una visión de otro mundo, su silueta esbelta y elegante, dejaba apreciar a una persona con personalidad y para nada manipulable. El pelo entre rubio y canoso, se recogía con una diadema que le daba un toque juvenil, aunque ya hubiera traspasado la frontera de los 30, su rostro enjuto y fibroso mostraba el continuo vivir en la luz y en la naturaleza, casi se podría decir, con un punto asilvestrado.     
Apoyada con un pie calzado con un fino mocasín de piel y sin calcetín, en el caliente asfalto, con la bicicleta levemente inclinada esperaba tranquila que el color del semáforo cambiara de rojo a verde. En el ceñido pantalón color crema contrastaba el marrón oscuro del cinturón de cuero y encima la vaporosa camisa dejaba vislumbrar unas formas sugerentes y tersas que aumentaban más si cabe su elegancia y belleza.
La bicicleta gris que llevaba era un espejo de ella, firme, robusta, con muchas batallas ya encima, pero dejando translucir algo de un tiempo pasado y de unas experiencias vividas que aumentaban su personalidad.
Y, de repente el semáforo se puso verde y con un pequeño golpe de pedal desapareció.


jueves, 2 de julio de 2015

Postales

Reflejos en el barrio de las Letras 

Bici blanca en Cabuerniga

Marisquería el Barril (barrio de las Letras)

Postales

Tandem (Barrio de las Letras), Madrid

martes, 5 de mayo de 2015

Ficha de Ruta


















RUTA: Por el Montsant, el Priorato y meandros de Flix y Sebes

DURACIÓN: La ruta se hizo en 6 días.

RECORRIDO:
El recorrido en bicicleta partió del Monasterio de Poblet, para enseguida introducirme 
en las denominadas: Montañas de Prades, dura subida sólo suavizada por el entorno y 
los magníficos y densos bosques, cuajados de especies mediterráneas entre ellas el Arce de Montpellier, llegando a la localidad de Prades, antigua villa amurallada que todavía conserva magníficamente su antigua identidad arquitectónica. 
La ruta elegida sigue camino de Siruana  y, para ello, nada más dejar Prades 
cogí una pista que me llevaría a la mítica, - para los escaladores – Siruana.
Enclavada en un istmo en las rocas, es un verdadero paraíso o Arcadia perdida 
y por supuesto para los escaladores aún más. Seguidamente el recorrido entra en la 
comarca del Priorato por Cornuella de Montsant,  Poboleña, La Vilella Alta y la Baja, 
Cabacés, para seguir por La Bisbal de Falset, La Palma d´Ebre y llegar a las 
riberas del río Ebro, en Flix.
Entorno contradictorio, pues en muy poquita distancia se encuentran empresas químicas, 
centrales nucleares con reserva naturales como la de Flix y Sebes, donde poder ver 
un gran abanico de especies ornitológicas de ribera.
Para evitarme malos tragos de tráfico denso de camiones y malos humos cogí un regional 
desde Flix hasta la localidad de Les Borges del Camp y desde ahí seguir en bicicleta pasando, 
como no podía ser menos, por la localidad de Alforja, ¡¡si señores!!, no es cachondeo, 
se llama Alforja
Desde ahí y en constante subida, subida y subida alcanzar las serras del Molló, el cingles d´Arbolí 
y la serra de Mussara, y volver a entrar en las muntanyes de Prades, para desde ahí volver a 
bajar por esos preciosos bosques cercanos al Monasterio de Poblet.    

CARTOGRAFÍA: Mapa regional de Tarragona, escala 1:200.000.

CÓMO LLEGAR: Use coche privado.
Esta ruta se podría realizar en tren regional Madrid- Tarragona, ver: 
http://www.renfe.com/viajeros/index.html , es de los de furgón diáfano, ¡¡vamos!!,
de los mejores para nosostros

CÓMO VOLVER: Volví, lógicamente, en el mismo medio.

BICICLETA RECOMENDADA: Es recomendable bicicleta de montaña.

DÓNDE PERNOCTAR: Hice noche básicamente en campings.  

ÉPOCA: La ruta se hizo en Mayo.

DIFICULTADES: Esta ruta, no lo voy a negar, es dura; cuando pensé descubrir esta zona 
y recorrerla en bicicleta no sabía donde me metía, pero la verdad, ha merecido, es un 
autentico descubrimiento muy positivo, de hecho la Tarragona interior me ha sorprendido.
Dura orografía aunque con cotas bajas, pero con constantes desniveles 
¡¡vamos!!, un autentico rompepiernas. 

ATRACTIVOS DE LA RUTA:

Empezando por el impresionante - por su historia, su cultura, su arquitectura, el entorno, 
sus viñedos, todo lo que simboliza para Catalunya - el Monasterio de Poblet .
Para más adelante descubrir la entrada a una comarca agreste, dura, plagada de rocas, 
de verticales rojizas, deseadas por los miles de montañeros/escaladores que se dan cita en 
Siruana. Pequeño enclave con una recoleta iglesia románica y rodeada de un marco 
incomparable de calma y quietud, un autentico tesoro para los adictos a los pies de gato, 
arneses y magnesias.La ruta sigue llenándonos nuestras retinas de bancales donde surge 
esa mística y eterna unión entre la tierra y la luz, para darnos un líquido grato a nuestro paladar: 
el vino y también otra cosa que me sorprendió es que el Priorato es vino y aceite, dos líquidos preciosos: uno como la sangre y el otro como el fluido de la luz.
A nuestra derecha, siempre acompañándonos la majestuosa silueta del Monsant con sus paredes verticales.
Más adelante, nos encontraremos con el gran río: el Ebro, - donde dejando a un lado su entorno 
más oscuro, negro y un poco tétrico, que es ver tantas chimeneas expulsando nubes raras, 
- forma en Flix un meandro único donde afortunadamente se dan cita dos reservas naturales para avistar, estudiar y observar diferente tipos de aves.
(Reflexión propia: vete tú a saber si se han hecho las reservas para quedar bien, maquillaje hipócrita  “con las aves no, desde luego, ellas no se enteran” mientras tanto se sigue escupiendo mierda al río,… curioso de todas las maneras).
Continuaremos con la belleza de una tierra rica que agrícolamente es un verdadero vergel, para volver a las montañas, a los bosques, dejando atrás esas grises chimeneas expulsando “muerte” y dejándonos llenar de aromas de boj, de encinares, de arces de Montpellier, de quietud, de silencios, de paz.
Bonita ruta que recomiendo fervientemente, si no el mismo recorrido, sí que conozcáis este pequeño trozo de una tierra, creo, que desconocida para más de uno/a y, que mejor que en bicicleta.

Enlaces principales:

Monasterio de Poblet:  http://www.poblet.cat/
Montañas de Prades: www.serradeprades.com





















Dibujo