domingo, 8 de noviembre de 2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

miércoles, 7 de octubre de 2015

postales

Un toque de elegancia

domingo, 27 de septiembre de 2015

Texto

El aroma del tiempo (o, excusas para andar en bicicleta).

(Extractos sacados del libro: El aroma del tiempo de Byung-Chul Han,
editado por Pensamiento Herder)
Byung-Chul Han, es profesor de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

El aroma es lento. Por eso no se adecúa, ni desde una perspectiva medial, a la época de las prisas. Los aromas no se pueden suceder a la misma velocidad que las imágenes ópticas. A diferencia de estas, ni siquiera se dejan acelerar. Una sociedad regida por los aromas seguramente no desarrollaría ninguna propensión al cambio y la aceleración. Se alimentaría del recuerdo y la memoria, de la lentitud y la perdurabilidad. Pero, en cambio la época de las prisas es un tiempo de visión “cinematográfica”. 
Acelera el mundo convirtiéndolo en un “desfile cinematográfico de las cosas “*. *(M.Proust, El tiempo recobrado)
El tiempo se desintegra en una sucesión de presentes
La época de las prisas no tiene aroma. El aroma del tiempo es una manifestación de la  duración. Rehúye la acción, el goce inmediato. Es indirecto, da rodeos.

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En el aire del camino  de campo, que cambia según la estación, madura la sabia serenidad, con un mohín de que, a menudo, parece melancólico (…). En su senda se encuentran, la tormenta de invierno y el día de la siega, coinciden lo vivaz y excitante de la primavera con lo quedo y feneciente del otoño, están frente a frente el juego de la juventud y la sabiduría de la vejez. Pero todo rebosa serenidad al unísono, cuyo eco el camino de campo lleva calladamente de aquí para allá. *
*(M. Heidegger, camino de campo)

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La sociedad de consumo y del tiempo libre presenta una temporalidad particular. El tiempo sobrante, que se debe a un aumento de la productividad, se llena con acontecimientos y vivencias superficiales y fugaces. Puesto que nada se ata al tiempo de manera duradera, parece que este transcurre muy deprisa o de que todo se acelera. El consumo y la duración se contradicen. Los bienes no duran. Llevan inscrita la caducidad como elemento constitutivo. El ciclo de aparición y desaparición de las cosas es cada vez más breve. El imperativo capitalista del crecimiento lleva consigo que las cosas se produzcan y se consuman en un lapso de tiempo cada vez más corto. La presión del consumo es inmanente al sistema de producción. El crecimiento económico depende del consumo y el uso vertiginoso de las cosas. La economía basada en el consumo sucumbiría si de pronto la gente empezara a embellecer las cosas, a protegerlas frente a la caducidad, a ayudarlas a lograr una duración.
En la sociedad del consumo se pierde el demorarse. Los objetos de consumo no dan lugar a ninguna contemplación. Se usan y se consumen lo más rápido posible, para dejar lugar a nuevos productos y necesidades. La demora contemplativa presupone que las cosas tienen una duración. La presión del consumo, sin embargo, suprime la duración. Tampoco la llamada desaceleración crea una duración. En lo que se refiere a la actitud de consumo, el show food no se diferencia en nada sustancial del fase food.
Las cosas se siguen consumiendo. La mera reducción de la velocidad no transforma el ser de las cosas. El problema es que la duración, la perdurabilidad y el sosiego amenazan con desaparecer completamente o se alejan de la vida. El Heidegger tardío contrapone “la vacilación”, “la serenidad”, “el recato”, “la espera” o “la retención”, que son formas de ser de la vita contemplativa, a “la necedad del trabajo”*.
Todas ellas remiten a una experiencia de la duración. El tiempo del trabajo, el tiempo como trabajo, no tiene duración. Consume el tiempo produciendo. La perdurabilidad y el sosiego rehuyen el uso y el consumo. Crean una duración. La vita contemplativa es una praxis de la duración. Genera otro tiempo al interrumpir el tiempo de trabajo.
* M.Heidegger, Camino de  Campo

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La vida ocupada, a la que le falta cualquier dimensión contemplativa, no es capaz de la amabilidad de lo bello. Se muestra como una producción y destrucción aceleradas. Consume el tiempo. Tampoco en el tiempo libre, que se mantiene sometido a la compulsión de trabajar tiene otro comportamiento en relación al tiempo. Las cosas se destruyen y se mata el tiempo. La demora contemplativa concede tiempo Da amplitud al ser, que es algo más que estar activo. La vida gana tiempo y espacio, duración y amplitud, cuando recupera la capacidad de contemplativa.
Si se expulsa de la vida cualquier elemento apacible, esta acaba en una hiperactividad letal. La persona se ahoga en su quehacer particular. Es necesaria una revitalización de la vita contemplativa, puesto que  abre el espacio de respiración. Quizá el espíritu deba su origen a un excedente de tiempo, un otium, una respiración pausada. Se podría reinterpretar  pneumas, que significa tanto “respiración” como “espíritu”.
Quien se queda sin aliento no tiene espíritu. La democratización del trabajo debe ir seguida de una democratización del otium, para que aquella no se convierta en la esclavitud de todos. Así dice Nietzsche:

Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase por tanto entre las correcciones necesarias que deben hacerle al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo*

*F. Nietzsche, Humano, demasiado humano.

miércoles, 8 de julio de 2015

Texto

Escenas

Amanecía, en las calles del barrio antiguo, la suave luz de la primavera transfiguraba las fachadas de los antiguos edificios, dejando apreciar en sus bellos portales las tallas lentamente talladas por artesanos sin nombre ni firma.
El silencio, apenas se veía roto por algún taconeo rápido y seguro. Al doblar la esquina me fije en él: un hombre menudo y lleno de sucios harapos empujaba lentamente una bicicleta cargada con un carro de la compra abarrotado de tubos, estantes metálicos y algún que otro trozo de metal, ya oxidado.
Negro como el tizón y desgreñado, hacía mucho tiempo que no veía una pastilla de jabón y un grifo de agua caliente, mascullando entre dientes se dejaba arrastrar paralelo a la bicicleta, tan sucia como su dueño.

…………….

Iba rápido, pero con una elegancia diríase innata, pedaleaba con fluidez y su vestimenta denotaba un gusto por el diseño y por la moda, además la bicicleta aparentaba ligereza, y en sus líneas un marcado acento futurista. Atravesó la calle como diciendo: ¡¡Eh!!, que estoy aquí, que yo soy yo y, he roto el molde.
Sí, con una bici fixie negra con pequeños detalles color miel, dejo un cierto poso de elegancia entre el ruido, los humos, las prisas y el colapso de estas horas en las calles de la ciudad.

…………….

Parada en el semáforo y con el sol iluminándola de escorzo realmente parecía una visión de otro mundo, su silueta esbelta y elegante, dejaba apreciar a una persona con personalidad y para nada manipulable. El pelo entre rubio y canoso, se recogía con una diadema que le daba un toque juvenil, aunque ya hubiera traspasado la frontera de los 30, su rostro enjuto y fibroso mostraba el continuo vivir en la luz y en la naturaleza, casi se podría decir, con un punto asilvestrado.     
Apoyada con un pie calzado con un fino mocasín de piel y sin calcetín, en el caliente asfalto, con la bicicleta levemente inclinada esperaba tranquila que el color del semáforo cambiara de rojo a verde. En el ceñido pantalón color crema contrastaba el marrón oscuro del cinturón de cuero y encima la vaporosa camisa dejaba vislumbrar unas formas sugerentes y tersas que aumentaban más si cabe su elegancia y belleza.
La bicicleta gris que llevaba era un espejo de ella, firme, robusta, con muchas batallas ya encima, pero dejando translucir algo de un tiempo pasado y de unas experiencias vividas que aumentaban su personalidad.
Y, de repente el semáforo se puso verde y con un pequeño golpe de pedal desapareció.


jueves, 2 de julio de 2015

Postales

Reflejos en el barrio de las Letras 

Bici blanca en Cabuerniga

Marisquería el Barril (barrio de las Letras)

Postales

Tandem (Barrio de las Letras), Madrid

martes, 5 de mayo de 2015

Ficha de Ruta


















RUTA: Por el Montsant, el Priorato y meandros de Flix y Sebes

DURACIÓN: La ruta se hizo en 6 días.

RECORRIDO:
El recorrido en bicicleta partió del Monasterio de Poblet, para enseguida introducirme 
en las denominadas: Montañas de Prades, dura subida sólo suavizada por el entorno y 
los magníficos y densos bosques, cuajados de especies mediterráneas entre ellas el Arce de Montpellier, llegando a la localidad de Prades, antigua villa amurallada que todavía conserva magníficamente su antigua identidad arquitectónica. 
La ruta elegida sigue camino de Siruana  y, para ello, nada más dejar Prades 
cogí una pista que me llevaría a la mítica, - para los escaladores – Siruana.
Enclavada en un istmo en las rocas, es un verdadero paraíso o Arcadia perdida 
y por supuesto para los escaladores aún más. Seguidamente el recorrido entra en la 
comarca del Priorato por Cornuella de Montsant,  Poboleña, La Vilella Alta y la Baja, 
Cabacés, para seguir por La Bisbal de Falset, La Palma d´Ebre y llegar a las 
riberas del río Ebro, en Flix.
Entorno contradictorio, pues en muy poquita distancia se encuentran empresas químicas, 
centrales nucleares con reserva naturales como la de Flix y Sebes, donde poder ver 
un gran abanico de especies ornitológicas de ribera.
Para evitarme malos tragos de tráfico denso de camiones y malos humos cogí un regional 
desde Flix hasta la localidad de Les Borges del Camp y desde ahí seguir en bicicleta pasando, 
como no podía ser menos, por la localidad de Alforja, ¡¡si señores!!, no es cachondeo, 
se llama Alforja
Desde ahí y en constante subida, subida y subida alcanzar las serras del Molló, el cingles d´Arbolí 
y la serra de Mussara, y volver a entrar en las muntanyes de Prades, para desde ahí volver a 
bajar por esos preciosos bosques cercanos al Monasterio de Poblet.    

CARTOGRAFÍA: Mapa regional de Tarragona, escala 1:200.000.

CÓMO LLEGAR: Use coche privado.
Esta ruta se podría realizar en tren regional Madrid- Tarragona, ver: 
http://www.renfe.com/viajeros/index.html , es de los de furgón diáfano, ¡¡vamos!!,
de los mejores para nosostros

CÓMO VOLVER: Volví, lógicamente, en el mismo medio.

BICICLETA RECOMENDADA: Es recomendable bicicleta de montaña.

DÓNDE PERNOCTAR: Hice noche básicamente en campings.  

ÉPOCA: La ruta se hizo en Mayo.

DIFICULTADES: Esta ruta, no lo voy a negar, es dura; cuando pensé descubrir esta zona 
y recorrerla en bicicleta no sabía donde me metía, pero la verdad, ha merecido, es un 
autentico descubrimiento muy positivo, de hecho la Tarragona interior me ha sorprendido.
Dura orografía aunque con cotas bajas, pero con constantes desniveles 
¡¡vamos!!, un autentico rompepiernas. 

ATRACTIVOS DE LA RUTA:

Empezando por el impresionante - por su historia, su cultura, su arquitectura, el entorno, 
sus viñedos, todo lo que simboliza para Catalunya - el Monasterio de Poblet .
Para más adelante descubrir la entrada a una comarca agreste, dura, plagada de rocas, 
de verticales rojizas, deseadas por los miles de montañeros/escaladores que se dan cita en 
Siruana. Pequeño enclave con una recoleta iglesia románica y rodeada de un marco 
incomparable de calma y quietud, un autentico tesoro para los adictos a los pies de gato, 
arneses y magnesias.La ruta sigue llenándonos nuestras retinas de bancales donde surge 
esa mística y eterna unión entre la tierra y la luz, para darnos un líquido grato a nuestro paladar: 
el vino y también otra cosa que me sorprendió es que el Priorato es vino y aceite, dos líquidos preciosos: uno como la sangre y el otro como el fluido de la luz.
A nuestra derecha, siempre acompañándonos la majestuosa silueta del Monsant con sus paredes verticales.
Más adelante, nos encontraremos con el gran río: el Ebro, - donde dejando a un lado su entorno 
más oscuro, negro y un poco tétrico, que es ver tantas chimeneas expulsando nubes raras, 
- forma en Flix un meandro único donde afortunadamente se dan cita dos reservas naturales para avistar, estudiar y observar diferente tipos de aves.
(Reflexión propia: vete tú a saber si se han hecho las reservas para quedar bien, maquillaje hipócrita  “con las aves no, desde luego, ellas no se enteran” mientras tanto se sigue escupiendo mierda al río,… curioso de todas las maneras).
Continuaremos con la belleza de una tierra rica que agrícolamente es un verdadero vergel, para volver a las montañas, a los bosques, dejando atrás esas grises chimeneas expulsando “muerte” y dejándonos llenar de aromas de boj, de encinares, de arces de Montpellier, de quietud, de silencios, de paz.
Bonita ruta que recomiendo fervientemente, si no el mismo recorrido, sí que conozcáis este pequeño trozo de una tierra, creo, que desconocida para más de uno/a y, que mejor que en bicicleta.

Enlaces principales:

Monasterio de Poblet:  http://www.poblet.cat/
Montañas de Prades: www.serradeprades.com





















Dibujo


Postales
































domingo, 1 de febrero de 2015

lunes, 12 de enero de 2015

Paisajes de acuarelas


Con estos trabajos he querido hacer un pequeño homenaje a la figura/silueta que aparece en el logo de Pedalibre; paisajes abstractos que surgen de las manchas de acuarela, ricos por sus texturas, casi más bellos y sugerentes- algunas veces- que la realidad.
Las manchas de acuarela presentan unas veladuras etéreas que sugieren, insinúan, paisajes oníricos de algún lugar perdido que jamás llegaremos a recorrer, ni encontrar. Espero que os gusten.











martes, 30 de diciembre de 2014

Ilustración


Nieve y más nieve
Esta noche de fin de año
Bajo la luna clara

Sol de invierno
sobre una bicicleta
mi silueta helada



"Palabras reinterpretadas del libro
de haikus de Matsuo Basho"

lunes, 24 de noviembre de 2014

Texto

“Dice Antonio Muñoz Molina, sobre la obra de Jules Verne”:

Leyendo a Verne encontrábamos poesía en los nombres, fueran estos de islas, reales o ficticias, de ríos, de desiertos, de plantas, de buques, de personajes. Dónde hay en la literatura un personaje que tenga un nombre tan misterioso y tan definitivo como el Capitán Nemo.

Yo le debo la mía como lector. “El gusto por el viaje inmóvil, la afición y la destreza para sumergirme muy hondo en las palabras de un libro, en mi silencio de lector submarino al que no llegan los golpes sonoros del reloj”.

Viajando con la belleza de las palabras

El lento transcurrir de una bicicletas,
paisajes manchados de verde oliva,
un bello pueblo enclavado en un roquedo,
y, un jardín impresionista, lleno de luz y color: Sorolla en el aire;
sonidos árabes: aljibe, alberca, alfarero, limón, paraíso,………
judíos: alfabeto, calle de la Sinagoga, sefarad, ……..
y nombres cristianos, envolvían sus estrechas callejuelas.
En aquella noche de primavera
envueltos en aromas de azahar, albahaca y jazmín
unas cálidas crisálidas albergaban
a unos cuantos espectadores de estrellas,
admiradores de la luz y del silencio
en una noche en Al-andalus.
Ahora aquellos recuerdos, aquellas evocaciones
huyen, se vuelven borrosos, difusos,
se escapan como el agua en una ánfora rota,
lenta y pausadamente se diluyen en la clepsidra del tiempo.

 


viernes, 10 de octubre de 2014

Ilustración






















Algunas veces la vida te da sorpresas,
como en este dibujo que realicé un día paseando por el campo,
increíble ¿no?.
La figura de la bici sólo se puede ver desde esa posición,
una vez que das varios pasos ya no la ves; igual que ocurre en  la vida. 
Hay veces que desde diferentes puntos de vista o encuadres 
ves la cosas de diferente manera. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Texto

El paisaje de mi alma


Algunas veces recuerdo aquel paisaje tan grato a mi alma, donde pasé momentos de la infancia y más adelante de la juventud; allí seguirá, con sus densos bosques, el río surcando sinuoso el fértil valle y aquellos farallones elevándose hacía el cielo, como murallas pétreas defendiendo el maravilloso tesoro del paso hacía las montañas. 
Aquel paisaje que en algunas ocasiones, principalmente de madrugada, se envolvía en brumas, apenas dejando vislumbrar formas etéreas en el horizonte.
Vuelve a mí en el recuerdo sabiendo que siempre estará allí, después de que yo me haya ido; en el otoño se vestirá de colores: amarillos, naranjas, ocres, rojos, verdes; en el invierno sólo dejará ver el blanco de la nieve y del hielo, junto con los negros y grises de las paredes de roca empapadas por la lluvia y por la humedad, y entre medias, el bosque con sus árboles desnudos.
Meses más tarde, en primavera el deshielo hará tronar los desfiladeros con el choque del agua en las paredes de roca, retornaran las frescas tonalidades, de los diferentes verdes en los prados, en las tiernas hojas de las hayas, de los arces, de los robles. El aire se llenará de vida y de luz, dando paso en verano a la densa y voluptuosa madurez de la naturaleza.
Aunque no lo vea frecuentemente sé que esta ahí, que siempre estará ahí, con sus sonidos de agua, con sus sonidos del aire, surgidos de los infinitos pájaros del bosque, con esos olores del heno recién segado y del boj en las entrañas del bosque, de la humedad del musgo en las cortezas de los árboles y el jugoso sabor de sus infinitos frutos, recordaré el inmenso placer de sumergirme en aquellas aguas frías de los arroyos, de sentir en la piel la fresca brisa de las montañas y llegar a notar en las piernas el roce de los helechos y en las manos la corteza lisa y tersa de las hayas.
Ahora, en el recuerdo, partiré hacía ese paisaje y me veré deslizándome sobre una bicicleta por sus estrechos caminos; teniendo como única compañía, el rumor del río, internándome en aquel valle perdido donde un día encontré paz y serenidad.

Ese paisaje seguirá siempre ahí, en el interior de mí alma, como todos aquellos paisajes humanos que tuve el privilegio de conocer y descubrir a lo largo del camino de mi vida y que dejaron un poso de belleza.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Dibujo

Pza del Coso ( Peñafiel)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Texto

Cubiertas desgastadas

Ya les ha llegado su hora, no podía seguir usándolas, he tenido que cambiarlas como se cambian unas sábanas usadas, unas viejas cuchillas de afeitar, como se cambian unos viejos zapatos – ahora, entiendo a aquella compañera de Artes y Oficios,- ¿cómo se llamaba? ¡¡Ah, sí!!, Paula - que realizó un homenaje a unos viejos zapatos de cuero, por todas las historias vitales que llevaban detrás, homenaje que consistió en una escultura de un ser humano a escala real hecho de malla de alambre y lo único sólido y visible, eran los ajados zapatos de cuero.
Estas viejas y desgastadas cubiertas de mí bicicleta me habían llevado por caminos perdidos en el tiempo, haciéndome descubrir paisajes humanos fantásticos y luminosos,
A conocer, en aquella intrincada aldea, a aquella pareja de ancianos surcados de arrugas y, rebosantes, en su mirada límpida, de ilusión y amor por sus raíces. Ellos que todavía no habían visto el mar.
A encontrarme con instantes de belleza como en aquel instante que atravesábamos aquel bosque de hayas y una suave luz se filtraba por las infinitas hojas de los árboles.
A descubrir y descubrirme en todas aquellas personas que se cruzaron en mi camino.
Estas cubiertas me ayudaron a saber mirar y a saber escuchar, con ellas recorrí las infinitas sendas que ya nunca más recorreré, porque se perdieron en el tiempo.
Estas cubiertas fueron lentamente dejando sus leves huellas en las arenas de los caminos, de las pistas, de las playas, como trazos etéreos de un instante fugaz, de una existencia efímera.
Casi todas la cosas se desgastan y, por ello, con tristeza en algunos casos se desechan y renuevan, no ocurre así con las personas que hemos querido de una u otra manera, que quizá desparecen o, nosotros desparecemos de sus vidas, pero nunca se desechan como objetos sin alma, pues forman parte ya de ese ser que creemos ser.
Usadas y desgastadas como nuestra propia vida, pero sin ellas y sin ese desgaste jamás seriamos lo que somos, ellas en parte han hecho de mí lo que soy, también son un poco yo.

Ahora, estoy poniendo las nuevas, espero que estas también me hagan descubrir cosas nuevas y me ayuden a seguir descubriendo los paisajes de mí ser.

martes, 2 de septiembre de 2014

Texto

Un recuerdo del pasado

El bolígrafo se me escurrió de entre los dedos y produjo un sonido metálico encima de la mesa y, entre la decena de caóticos papeles que tenía repartidos por doquier a lo largo de ella. Me sobresalté. Delante de mí se encontraba el monitor y la mesa de trabajo; la luz entraba por los grandes ventanales e iluminaba sin pudor casi todas las mesas de la redacción, y, el constante rumor de voces era el sonido habitual de todos los días; miradas, gestos, sonidos de las sillas al desplazarse, la gente en constante trasiego de aquí a allá. En la calle, como un ligero zumbido se oía desgraciadamente el eterno caos del tráfico con sus cláxones y sus monótonos ronroneos de los motores escupiendo muerte en forma de gases venenosos.
Cogí de nuevo el bolígrafo dispuesto a seguir la tarea y entonces mí mirada reparo en una pequeña fotografía que tenía pinchada en el tablón de corcho enfrente de mí mesa de trabajo.
En la imagen, aparecía alguien parecido a mí, pero, que ya no era yo, al lado de una bicicleta cargada de bultos y rodeado del verdor majestuoso de aquel bosque de castaños, en aquel día de verano cuando hice un recorrido por el norte, en aquel momento estaba en la zona de los Oscos asturianos, recordé que empezó a caerme una ligera llovizna, cuando estaba colocando el trípode, recordé también ese penetrante olor a humedad y bosque que venía a mis sentidos; poco a poco me fui metiendo en el recuerdo, en aquel pasado, tratando de entrar en aquel momento y reviví mentalmente aquel trayecto entre Taramundi y el puerto del Connio, muy cerca de Muniellos, con sus pueblos semi-abandonados hechos de pizarra y tiempo, con chimeneas echando el humo de la vida, sus luces, sus sombras, sus olores; los sonidos del bosque, el murmullo del agua cayendo lentamente por las paredes rocosas llenas de musgo y de humedad junto a la pequeña carretera; el vuelo de aquel ave cerca de mí, las etéreas nubes pegadas a las faldas de las montañas. Por ahí pedaleaba, dejándome llevar por las curvas y por la vida.

Y, el bolígrafo se me escurrió de entre los dedos.   

jueves, 28 de agosto de 2014

Texto

Un instante entre las nubes

Acababa de salir del pueblo enclavado entre los acantilados, lentamente iba ascendiendo la dura rampa, nadie bajaba, nadie subía. Las piedras, húmedas como la hierba dejaban sentir la fría noche que se acercaba. A lo lejos el susurrante sonido de las olas rompiendo en las rocas dejaba entrever el infinito mar del Norte. Las nubes se pegaban a la tierra, apenas se podían apreciar los abruptos acantilados que había a mi izquierda, ni la pequeña masa de árboles de la derecha. Avanzaba con dificultad, el fuerte viento me impedía progresar en mi camino. Una menuda lluvia empezó a caer, no podía ver hacía donde me dirigía, a mi alrededor las nubes lo cubrían todo; estaba sumergido en el reino de las tinieblas, donde ni las sombras existen, ni la luz del día se atreve a penetrar.
Lentamente algunas gotas de lluvia se deslizaban por mi rostro. Avanzaba poco a poco, tenía la extraña sensación de que el tiempo no transcurría, me sentía como una piedra, fijo, inmóvil, quieto.
La espesa niebla no me dejaba ver ni el manillar de la bicicleta, me encontraba empapado. El silencio flotaba sobre mí, sólo la lluvia, golpeándome en el cuerpo provocaba un ligero sonido. Más allá, el viento soplaba en los acantilados y el mar rompía contra la tierra, como si de un ritual mágico y eterno se tratara.
Al poco tiempo vislumbre entre las espesas nubes formas etéreas, formas que se movían entre los nebulosos árboles. No podía oír nada, salvo el viento, y cuando la nube de agua se fue alejando pude distinguir de entre las sombras la silueta del animal que se encontraba pastando ajeno a la lluvia, a las tinieblas, a todo.
Poco apoco iba subiendo la dura pendiente. Oía el mar rompiendo en los acantilados y el viento tronando en las oscuras cuevas al lado de los arrecifes. Me preguntaba ¿Cuándo llegaría a la cima, al collado, y dejaré estas tinieblas  insondables?, pero no tenía contestación. Subía y subía, pero no llegaba a vislumbrar el final de la carretera y el viento me impedía subirme a la bicicleta. Mi mente comenzaba a ver, en cada trozo de roca formas de seres fantásticos, irreales, algunos me saludaban, otros hablaban entre ellos. La música del vasto océano me llegaba difusa, como si las nubes fuesen el filtro del mundo del sonido.
A mi mente llegaban voces del pasado, pero donde estaba no existía ni el pasado, ni el futuro, sólo existía el ahora, la gota deslizándose por mi pie, el pie avanzando un paso, el aliento vital saliendo de mi boca.
Lo recorrido no se veía: la curva que había dejado atrás, el animal pastando, nada, todo era gris, aplastantemente gris. De repente el camino se inclinaba un poco hacia delante, a mi derecha unas vallas de madera y un cartel. Me incorporé sobre la bicicleta, empuje el pedal izquierdo hacia abajo y la bicicleta empezó a moverse. Sin ninguna pedalada más tomo velocidad, iba a salir de las tinieblas, del reino de la oscuridad insondable.

Poco después, con la vista hacía las montañas, contemple el maravilloso espectáculo de las nubes ceñidas a la cima de las cumbres, las nubes formaban un solo cuerpo con ellas. ¿Habría estado allí?, en el horizonte se dejaba ver el mar del Norte y la ría, un poco más cerca el pequeño entramado de tejados que daba paso a un bello pueblo pesquero. 

martes, 12 de agosto de 2014

Texto

Fugacidad


Atravesar paisajes de luz
sobre una bicicleta y,
saber, que todo es efímero,
las alegrías y las tristezas,
las vanidades y las arrogancias,
los aciertos y los fracasos.
Atravesar instantes, momentos,
descubrir personas, seres, vidas,
dejar atrás sinsabores y regocijos,
placeres y pesadumbres,
recuerdos y evocaciones.

En la luz todo es efímero,
La sabiduría y la ignorancia,
el orgullo y la necedad,
las manipulaciones y los caprichos,
los deseos y las ilusiones.

Atravesar paisajes de luz
sobre una bicicleta y sentir
la fugacidad de la vida, de los colores de la luz,
de la humildad de los árboles que dan todo y sólo reciben luz.
“El Universo cabe dentro de una semilla”,
del lento fluir del agua, siempre diferente,
 pero, siempre eterna.


Y,…………. vivir.

jueves, 7 de agosto de 2014

Texto

Atrás queda todo


Atrás queda todo,
aquellos paisajes imaginados
entre los pliegues de un mapa;
aquellas colinas llenas de bosques;
aquella senda recorrida al amanecer;
aquellas primeras pedaladas del viaje.
Atrás queda todo:
las palabras inadecuadas,
los gestos malinterpretados,
la luz de aquella mirada,
los paisajes de tu ser.
Atrás quedó todo,……
pero, adelante, continúa el camino,
nuevos paisajes apenas esbozados,
páginas de un cuaderno en blanco, que se llenaran,
sombras de mí ser que iré dejando
en el transcurso del tiempo.
Y, una bicicleta que seguirá
deslizándose con la luz

miércoles, 23 de julio de 2014

Ficha de Ruta











































RUTA: Ruta Transcantábrica (De Somiedo a Valderejo)

DURACIÓN: Se puede realizar entre 10 y 15 días.

RECORRIDO:
Salí, ya en bici, desde León llegando en tren media distancia, 
con algún problema de tipo de tren en el que acoplar la 
bicicleta. Desde León, cogí la carretera 623, camino de 
Oteruelo de las Dueñas orientación noroeste, rumbo 
a la comarca de Luna y Babia, desviándome al norte 
en Babia, hacía el puerto de Somiedo (1848 mts) y entrando 
en el valle del río Saliencia para subir a los lagos de Somiedo y
bajar hacía San Emiliano y retomar de nuevo mis pasos por 
la comarca de Luna; cruzar de nuevo el embalse y coger 
una pequeña carretera local, orientación este, que me llevó 
por Aralla, Cubillas de Arbas, y la bella comarca de La Tercia 
Pobladura de la Tercia, Rodiezmo y Villamanín.
Seguí rumbo este, camino de Cármenes para bajar ya dirección 
sur el río Torío y atravesar el desfiladero de Valporquero, 
llegar a Vegacervera, y retomar el sentido este, camino de 
Matallana, La Vecilla de Curueño y Boñar.
Desde esta localidad, con sus dulce pastelería, tomé rumbo norte, 
camino del embalse de Porma y llegando a Puebla de Lillo, 
subiendo a Cofiñal y adentrándome en el puerto de Tarna, 
cercano al parque natural de Redes, con sus espesos bosques; 
una vez pasado el collado tomé dirección de Riaño, desviándome 
antes de llegar a dicha localidad hacía Vegacerneja, y subir el 
puerto del Pontón, bajando dirección Oseja de Sajambre e inter-
nándome en uno de los magníficos trabajos realizados por 
ingenieros de caminos, el desfiladero de los Beyos, carretera 
que se introduce literalmente como una brecha en los picos de 
Europa, paralelo al río Sella, para más adelante llegar a Cangas 
de Onis y retomar mí rumbo este, camino de Arenas de Cabrales 
y Panes. Una vez en Panes volví a virar al sur para introducirme 
en el desfiladero de la Hermida y llegar a la localidad de Potes, 
en el Liébana, con sus extraordinarios quesos. Después de saborear 
tan bellos lugares y gastronomía retome mis pasos y de nuevo 
atravesé el desfiladero de la Hermida, pero esta vez hasta 
la localidad de dicho nombre, para coger una carreterita comarcal 
que asciende y asciende, y te lleva al valle del río Nansa, 
pasando por Sobrelapeña y llegar a Puentenansa. Desde ahí, 
seguí rumbo este, para llegar al valle de Cabuerniga y coger 
rumbo sur y subir por el parque natural de Saja camino de Reinosa, 
coronar el puerto de la Palombera y llegar a Reinosa.
Una vez en Reinosa contornee el embalse del Ebro por su lado sur, 
llegando a la localidad de Arija y siguiendo hacía el este llegar 
a Soncillo, tomar el curso del río Nela y pasar por pintorescas 
localidades, como Puentedey, atravesar Villarcayo y Medina de 
Pomar y meterme por carreteritas locales, pasando por La Cerca, 
Villate, y antes de llegar a Criales desviarme hacía San Pantaleón 
de la Losa, Boveda, San Millán de San Zadornil, cercano al parque 
natural de Valderejo y desde ahí llegar a Villanañe, Puentelarra, 
Matallana y terminando este bello periplo transcantábrico en 
Miranda de Ebro.  

CARTOGRAFÍA: Mapas Regionales de León y Cantabria, 
escala 1:200.000, o, en su defecto fotocopias del trayecto esbozado 
en un principio ó, con las nuevas tecnologías tipo tracks.

CÓMO LLEGAR y VOLVER: Usé tren para la ida y para la vuelta.

BICICLETA RECOMENDADA: Es recomendable bicicleta de montaña, 
aunque tampoco es imprescindible, pues sólo cogí pista en Saliencia, 
Somiedo, el resto fue asfalto.

DÓNDE PERNOCTAR: Existen a lo largo de esta ruta múltiples 
tipos de hospedaje, como campings, fondas, pensiones, hoteles, casa 
rurales, etc.

ÉPOCA: La ruta la hice en Julio.

DIFICULTADES: Esta ruta es exigente, pues el hecho de ir de oeste 
a este, a lo largo de la cornisa cantábrica hace que se atraviesen 
orografías, llamémoslas complicadas, aunque la belleza del recorrido 
hace que este tipo de cosas, yo, personalmente, ni las contemple, 
ni las note, son cosas “mundanas”. El recorrido es duro, pero nada 
que alguien ya con cierta experiencia en viajes en bicicletas con alforjas 
no pueda realizar, en más o menos días.

ATRACTIVOS DE LA RUTA:

Esta ruta presenta numerosos atractivos, difícil hacer una síntesis 
de todos ellos, pero desde luego, el primero sería los entornos por 
donde transcurre la ruta. Naturaleza: montañas, valles, ríos, 
desfiladeros, bosques, faunas, ……….. bellos  paisajes que 
dejan un poso de quietud y serenidad en quien los recorre sobre 
una bicicleta. La gastronomía en sus diferentes zonas, sus gentes, 
siempre tan solicitas a echarte una mano.
Los diferentes tipos de arquitecturas, digna mención la piedra 
rosada de las casas en la comarca de Luna, una piedra muy 
codiciada y cara últimamente para construir, el uso de la madera, 
que desgraciadamente se esta perdiendo, como en los pocos ejemplos 
de los hórreos, en Oseja de Sajambre.
Los diferentes parques naturales que jalonan este itinerario 
desde Somiedo hasta Valderejo pasando por Redes, Mampodre, 
Picos de Europa, Nansa, Saja y Besaya, monte higuedo, 
Valderejo y el entorno de las Merindades.
Es, ya digo, difícil clasificar los atractivos de esta ruta,……
….hacerla y lo comprobareis con vuestros sentidos.