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Nieve y más nieve
Esta noche de fin de año
Bajo la luna clara
Sol de invierno
sobre una bicicleta mi silueta helada
"Palabras reinterpretadas del libro
de haikus de Matsuo Basho" |
martes, 30 de diciembre de 2014
Ilustración
lunes, 24 de noviembre de 2014
Texto
“Dice Antonio Muñoz Molina, sobre la obra de Jules Verne”:
Leyendo a Verne encontrábamos poesía en los nombres, fueran estos de islas, reales o ficticias, de ríos, de desiertos, de plantas, de buques, de personajes. Dónde hay en la literatura un personaje que tenga un nombre tan misterioso y tan definitivo como el Capitán Nemo.
Yo le debo la mía como lector. “El gusto por el viaje inmóvil, la afición y la destreza para sumergirme muy hondo en las palabras de un libro, en mi silencio de lector submarino al que no llegan los golpes sonoros del reloj”.
Viajando con la
belleza de las palabras
El lento transcurrir de una bicicletas,
paisajes manchados de verde oliva,
un bello pueblo enclavado en un roquedo,
y, un jardín impresionista, lleno de luz y color: Sorolla en
el aire;
sonidos árabes: aljibe, alberca, alfarero, limón,
paraíso,………
judíos: alfabeto, calle de la
Sinagoga, sefarad, ……..
y nombres cristianos, envolvían sus estrechas callejuelas.
En aquella noche de primavera
envueltos en aromas de azahar, albahaca y jazmín
unas cálidas crisálidas albergaban
a unos cuantos espectadores de estrellas,
admiradores de la luz y del silencio
en una noche en Al-andalus.
Ahora aquellos recuerdos, aquellas evocaciones
huyen, se vuelven borrosos, difusos,
se escapan como el agua en una ánfora rota,
lenta y pausadamente se diluyen en la clepsidra del tiempo.
viernes, 10 de octubre de 2014
Ilustración
Algunas veces la vida te da sorpresas,
como en este dibujo que realicé un día paseando por el
campo,
increíble ¿no?.
La figura de la bici sólo se puede ver desde esa posición,
una vez que das varios pasos ya no la ves; igual que ocurre en la vida.
Hay veces que desde diferentes puntos de vista o encuadres
ves la cosas de
diferente manera.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Texto
El paisaje de mi alma
Algunas veces recuerdo aquel paisaje tan grato a mi alma,
donde pasé momentos de la infancia y más adelante de la juventud; allí seguirá,
con sus densos bosques, el río surcando sinuoso el fértil valle y aquellos
farallones elevándose hacía el cielo, como murallas pétreas defendiendo el
maravilloso tesoro del paso hacía las montañas.
Aquel paisaje que en algunas ocasiones, principalmente de
madrugada, se envolvía en brumas, apenas dejando vislumbrar formas etéreas en
el horizonte.
Vuelve a mí en el recuerdo sabiendo que siempre estará allí,
después de que yo me haya ido; en el otoño se vestirá de colores: amarillos,
naranjas, ocres, rojos, verdes; en el invierno sólo dejará ver el blanco de la
nieve y del hielo, junto con los negros y grises de las paredes de roca
empapadas por la lluvia y por la humedad, y entre medias, el bosque con sus
árboles desnudos.
Meses más tarde, en primavera el deshielo hará tronar los
desfiladeros con el choque del agua en las paredes de roca, retornaran las
frescas tonalidades, de los diferentes verdes en los prados, en las tiernas
hojas de las hayas, de los arces, de los robles. El aire se llenará de vida y
de luz, dando paso en verano a la densa y voluptuosa madurez de la naturaleza.
Aunque no lo vea frecuentemente sé que esta ahí, que siempre
estará ahí, con sus sonidos de agua, con sus sonidos del aire, surgidos de los
infinitos pájaros del bosque, con esos olores del heno recién segado y del boj
en las entrañas del bosque, de la humedad del musgo en las cortezas de los
árboles y el jugoso sabor de sus infinitos frutos, recordaré el inmenso placer
de sumergirme en aquellas aguas frías de los arroyos, de sentir en la piel la
fresca brisa de las montañas y llegar a notar en las piernas el roce de los helechos
y en las manos la corteza lisa y tersa de las hayas.
Ahora, en el recuerdo, partiré hacía ese paisaje y me veré
deslizándome sobre una bicicleta por sus estrechos caminos; teniendo como única
compañía, el rumor del río, internándome en aquel valle perdido donde un día
encontré paz y serenidad.
Ese paisaje seguirá siempre ahí, en el interior de mí alma,
como todos aquellos paisajes humanos que tuve el privilegio de conocer y
descubrir a lo largo del camino de mi vida y que dejaron un poso de belleza.
lunes, 8 de septiembre de 2014
jueves, 4 de septiembre de 2014
Texto
Cubiertas desgastadas
Ya les ha llegado su hora, no podía seguir usándolas, he
tenido que cambiarlas como se cambian unas sábanas usadas, unas viejas
cuchillas de afeitar, como se cambian unos viejos zapatos – ahora, entiendo a
aquella compañera de Artes y Oficios,- ¿cómo se llamaba? ¡¡Ah, sí!!, Paula -
que realizó un homenaje a unos viejos zapatos de cuero, por todas las historias
vitales que llevaban detrás, homenaje que consistió en una escultura de un ser
humano a escala real hecho de malla de alambre y lo único sólido y visible,
eran los ajados zapatos de cuero.
Estas viejas y desgastadas cubiertas de mí bicicleta me
habían llevado por caminos perdidos en el tiempo, haciéndome descubrir paisajes
humanos fantásticos y luminosos,
A conocer, en aquella intrincada aldea, a aquella pareja de
ancianos surcados de arrugas y, rebosantes, en su mirada límpida, de ilusión y
amor por sus raíces. Ellos que todavía no habían visto el mar.
A encontrarme con instantes de belleza como en aquel
instante que atravesábamos aquel bosque de hayas y una suave luz se filtraba
por las infinitas hojas de los árboles.
A descubrir y descubrirme en todas aquellas personas que se
cruzaron en mi camino.
Estas cubiertas me ayudaron a saber mirar y a saber
escuchar, con ellas recorrí las infinitas sendas que ya nunca más recorreré,
porque se perdieron en el tiempo.
Estas cubiertas fueron lentamente dejando sus leves huellas
en las arenas de los caminos, de las pistas, de las playas, como trazos etéreos
de un instante fugaz, de una existencia efímera.
Casi todas la cosas se desgastan y, por ello, con tristeza
en algunos casos se desechan y renuevan, no ocurre así con las personas que
hemos querido de una u otra manera, que quizá desparecen o, nosotros
desparecemos de sus vidas, pero nunca se desechan como objetos sin alma, pues
forman parte ya de ese ser que creemos ser.
Usadas y desgastadas como nuestra propia vida, pero sin
ellas y sin ese desgaste jamás seriamos lo que somos, ellas en parte han hecho
de mí lo que soy, también son un poco yo.
Ahora, estoy poniendo las nuevas, espero que estas también
me hagan descubrir cosas nuevas y me ayuden a seguir descubriendo los paisajes
de mí ser.
martes, 2 de septiembre de 2014
Texto
Un recuerdo del
pasado
El bolígrafo se me escurrió de entre los dedos y produjo un
sonido metálico encima de la mesa y, entre la decena de caóticos papeles que
tenía repartidos por doquier a lo largo de ella. Me sobresalté. Delante de mí
se encontraba el monitor y la mesa de trabajo; la luz entraba por los grandes
ventanales e iluminaba sin pudor casi todas las mesas de la redacción, y, el
constante rumor de voces era el sonido habitual de todos los días; miradas,
gestos, sonidos de las sillas al desplazarse, la gente en constante trasiego de
aquí a allá. En la calle, como un ligero zumbido se oía desgraciadamente el
eterno caos del tráfico con sus cláxones y sus monótonos ronroneos de los
motores escupiendo muerte en forma de gases venenosos.
Cogí de nuevo el bolígrafo dispuesto a seguir la tarea y
entonces mí mirada reparo en una pequeña fotografía que tenía pinchada en el
tablón de corcho enfrente de mí mesa de trabajo.
En la imagen, aparecía alguien parecido a mí, pero, que ya
no era yo, al lado de una bicicleta cargada de bultos y rodeado del verdor
majestuoso de aquel bosque de castaños, en aquel día de verano cuando hice un
recorrido por el norte, en aquel momento estaba en la zona de los Oscos
asturianos, recordé que empezó a caerme una ligera llovizna, cuando estaba
colocando el trípode, recordé también ese penetrante olor a humedad y bosque
que venía a mis sentidos; poco a poco me fui metiendo en el recuerdo, en aquel
pasado, tratando de entrar en aquel momento y reviví mentalmente aquel trayecto
entre Taramundi y el puerto del Connio, muy cerca de Muniellos, con sus pueblos
semi-abandonados hechos de pizarra y tiempo, con chimeneas echando el humo de
la vida, sus luces, sus sombras, sus olores; los sonidos del bosque, el
murmullo del agua cayendo lentamente por las paredes rocosas llenas de musgo y
de humedad junto a la pequeña carretera; el vuelo de aquel ave cerca de mí, las
etéreas nubes pegadas a las faldas de las montañas. Por ahí pedaleaba,
dejándome llevar por las curvas y por la vida.
Y, el bolígrafo se me escurrió de entre los dedos.
jueves, 28 de agosto de 2014
Texto
Un instante entre las
nubes
Acababa de salir del pueblo enclavado entre los acantilados,
lentamente iba ascendiendo la dura rampa, nadie bajaba, nadie subía. Las
piedras, húmedas como la hierba dejaban sentir la fría noche que se acercaba. A
lo lejos el susurrante sonido de las olas rompiendo en las rocas dejaba
entrever el infinito mar del Norte. Las nubes se pegaban a la tierra, apenas se
podían apreciar los abruptos acantilados que había a mi izquierda, ni la
pequeña masa de árboles de la derecha. Avanzaba con dificultad, el fuerte
viento me impedía progresar en mi camino. Una menuda lluvia empezó a caer, no
podía ver hacía donde me dirigía, a mi alrededor las nubes lo cubrían todo; estaba
sumergido en el reino de las tinieblas, donde ni las sombras existen, ni la luz
del día se atreve a penetrar.
Lentamente algunas gotas de lluvia se deslizaban por mi
rostro. Avanzaba poco a poco, tenía la extraña sensación de que el tiempo no
transcurría, me sentía como una piedra, fijo, inmóvil, quieto.
La espesa niebla no me dejaba ver ni el manillar de la
bicicleta, me encontraba empapado. El silencio flotaba sobre mí, sólo la
lluvia, golpeándome en el cuerpo provocaba un ligero sonido. Más allá, el
viento soplaba en los acantilados y el mar rompía contra la tierra, como si de
un ritual mágico y eterno se tratara.
Al poco tiempo vislumbre entre las espesas nubes formas
etéreas, formas que se movían entre los nebulosos árboles. No podía oír nada,
salvo el viento, y cuando la nube de agua se fue alejando pude distinguir de
entre las sombras la silueta del animal que se encontraba pastando ajeno a la
lluvia, a las tinieblas, a todo.
Poco apoco iba subiendo la dura pendiente. Oía el mar
rompiendo en los acantilados y el viento tronando en las oscuras cuevas al lado
de los arrecifes. Me preguntaba ¿Cuándo llegaría a la cima, al collado, y
dejaré estas tinieblas insondables?,
pero no tenía contestación. Subía y subía, pero no llegaba a vislumbrar el
final de la carretera y el viento me impedía subirme a la bicicleta. Mi mente
comenzaba a ver, en cada trozo de roca formas de seres fantásticos, irreales,
algunos me saludaban, otros hablaban entre ellos. La música del vasto océano me
llegaba difusa, como si las nubes fuesen el filtro del mundo del sonido.
A mi mente llegaban voces del pasado, pero donde estaba no
existía ni el pasado, ni el futuro, sólo existía el ahora, la gota deslizándose
por mi pie, el pie avanzando un paso, el aliento vital saliendo de mi boca.
Lo recorrido no se veía: la curva que había dejado atrás, el
animal pastando, nada, todo era gris, aplastantemente gris. De repente el
camino se inclinaba un poco hacia delante, a mi derecha unas vallas de madera y
un cartel. Me incorporé sobre la bicicleta, empuje el pedal izquierdo hacia
abajo y la bicicleta empezó a moverse. Sin ninguna pedalada más tomo velocidad,
iba a salir de las tinieblas, del reino de la oscuridad insondable.
Poco después, con la vista hacía las montañas, contemple el
maravilloso espectáculo de las nubes ceñidas a la cima de las cumbres, las nubes
formaban un solo cuerpo con ellas. ¿Habría estado allí?, en el horizonte se
dejaba ver el mar del Norte y la ría, un poco más cerca el pequeño entramado de
tejados que daba paso a un bello pueblo pesquero.
martes, 12 de agosto de 2014
Texto
Fugacidad
Atravesar paisajes de luz
sobre una bicicleta y,
saber, que todo es efímero,
las alegrías y las tristezas,
las vanidades y las arrogancias,
los aciertos y los fracasos.
Atravesar instantes, momentos,
descubrir personas, seres, vidas,
dejar atrás sinsabores y regocijos,
placeres y pesadumbres,
recuerdos y evocaciones.
En la luz todo es efímero,
La sabiduría y la ignorancia,
el orgullo y la necedad,
las manipulaciones y los caprichos,
los deseos y las ilusiones.
Atravesar paisajes de luz
sobre una bicicleta y sentir
la fugacidad de la vida, de los colores de la luz,
de la humildad de los árboles que dan todo y sólo reciben
luz.
“El Universo cabe dentro de una semilla”,
del lento fluir del agua, siempre diferente,
pero, siempre eterna.
Y,…………. vivir.
jueves, 7 de agosto de 2014
Texto
Atrás queda todo
Atrás queda todo,
aquellos paisajes imaginados
entre los pliegues de un mapa;
aquellas colinas llenas de bosques;
aquella senda recorrida al amanecer;
aquellas primeras pedaladas del viaje.
Atrás queda todo:
las palabras inadecuadas,
los gestos malinterpretados,
la luz de aquella mirada,
los paisajes de tu ser.
Atrás quedó todo,……
pero, adelante, continúa el camino,
nuevos paisajes apenas esbozados,
páginas de un cuaderno en blanco, que se llenaran,
sombras de mí ser que iré dejando
en el transcurso del tiempo.
Y, una bicicleta que seguirá
deslizándose con la luz
miércoles, 23 de julio de 2014
Ficha de Ruta
RUTA: Ruta Transcantábrica (De Somiedo a Valderejo)
DURACIÓN: Se puede realizar entre 10 y 15 días.
RECORRIDO:
Salí, ya en bici, desde León
llegando en tren media distancia,
con algún problema de tipo de tren en el que acoplar la
bicicleta. Desde León, cogí la carretera 623, camino de
Oteruelo de las Dueñas orientación noroeste, rumbo
a la comarca de Luna y Babia, desviándome al norte
en Babia, hacía el puerto de Somiedo (1848 mts) y entrando
en el valle del río Saliencia para subir a los lagos de Somiedo y
bajar hacía San Emiliano y retomar de nuevo mis pasos por
la comarca de Luna; cruzar de nuevo el embalse y coger
una pequeña carretera local, orientación este, que me llevó
por Aralla, Cubillas de Arbas, y la bella comarca de La Tercia
Pobladura de la Tercia, Rodiezmo y Villamanín.
con algún problema de tipo de tren en el que acoplar la
bicicleta. Desde León, cogí la carretera 623, camino de
Oteruelo de las Dueñas orientación noroeste, rumbo
a la comarca de Luna y Babia, desviándome al norte
en Babia, hacía el puerto de Somiedo (1848 mts) y entrando
en el valle del río Saliencia para subir a los lagos de Somiedo y
bajar hacía San Emiliano y retomar de nuevo mis pasos por
la comarca de Luna; cruzar de nuevo el embalse y coger
una pequeña carretera local, orientación este, que me llevó
por Aralla, Cubillas de Arbas, y la bella comarca de La Tercia
Pobladura de la Tercia, Rodiezmo y Villamanín.
Seguí rumbo este, camino de
Cármenes para bajar ya dirección
sur el río Torío y atravesar el desfiladero de Valporquero,
llegar a Vegacervera, y retomar el sentido este, camino de
Matallana, La Vecilla de Curueño y Boñar.
sur el río Torío y atravesar el desfiladero de Valporquero,
llegar a Vegacervera, y retomar el sentido este, camino de
Matallana, La Vecilla de Curueño y Boñar.
Desde esta localidad, con sus
dulce pastelería, tomé rumbo norte,
camino del embalse de Porma y llegando a Puebla de Lillo,
subiendo a Cofiñal y adentrándome en el puerto de Tarna,
cercano al parque natural de Redes, con sus espesos bosques;
una vez pasado el collado tomé dirección de Riaño, desviándome
antes de llegar a dicha localidad hacía Vegacerneja, y subir el
puerto del Pontón, bajando dirección Oseja de Sajambre e inter-
nándome en uno de los magníficos trabajos realizados por
ingenieros de caminos, el desfiladero de los Beyos, carretera
que se introduce literalmente como una brecha en los picos de
Europa, paralelo al río Sella, para más adelante llegar a Cangas
de Onis y retomar mí rumbo este, camino de Arenas de Cabrales
y Panes. Una vez en Panes volví a virar al sur para introducirme
en el desfiladero de la Hermida y llegar a la localidad de Potes,
en el Liébana, con sus extraordinarios quesos. Después de saborear
tan bellos lugares y gastronomía retome mis pasos y de nuevo
atravesé el desfiladero de la Hermida, pero esta vez hasta
la localidad de dicho nombre, para coger una carreterita comarcal
camino del embalse de Porma y llegando a Puebla de Lillo,
subiendo a Cofiñal y adentrándome en el puerto de Tarna,
cercano al parque natural de Redes, con sus espesos bosques;
una vez pasado el collado tomé dirección de Riaño, desviándome
antes de llegar a dicha localidad hacía Vegacerneja, y subir el
puerto del Pontón, bajando dirección Oseja de Sajambre e inter-
nándome en uno de los magníficos trabajos realizados por
ingenieros de caminos, el desfiladero de los Beyos, carretera
que se introduce literalmente como una brecha en los picos de
Europa, paralelo al río Sella, para más adelante llegar a Cangas
de Onis y retomar mí rumbo este, camino de Arenas de Cabrales
y Panes. Una vez en Panes volví a virar al sur para introducirme
en el desfiladero de la Hermida y llegar a la localidad de Potes,
en el Liébana, con sus extraordinarios quesos. Después de saborear
tan bellos lugares y gastronomía retome mis pasos y de nuevo
atravesé el desfiladero de la Hermida, pero esta vez hasta
la localidad de dicho nombre, para coger una carreterita comarcal
que asciende y asciende, y te lleva al
valle del río Nansa,
pasando por Sobrelapeña y llegar a Puentenansa. Desde ahí,
seguí rumbo este, para llegar al valle de Cabuerniga y coger
rumbo sur y subir por el parque natural de Saja camino de Reinosa,
coronar el puerto de la Palombera y llegar a Reinosa.
pasando por Sobrelapeña y llegar a Puentenansa. Desde ahí,
seguí rumbo este, para llegar al valle de Cabuerniga y coger
rumbo sur y subir por el parque natural de Saja camino de Reinosa,
coronar el puerto de la Palombera y llegar a Reinosa.
Una vez en Reinosa contornee el
embalse del Ebro por su lado sur,
llegando a la localidad de Arija y siguiendo hacía el este llegar
a Soncillo, tomar el curso del río Nela y pasar por pintorescas
localidades, como Puentedey, atravesar Villarcayo y Medina de
Pomar y meterme por carreteritas locales, pasando por La Cerca,
Villate, y antes de llegar a Criales desviarme hacía San Pantaleón
de la Losa, Boveda, San Millán de San Zadornil, cercano al parque
natural de Valderejo y desde ahí llegar a Villanañe, Puentelarra,
Matallana y terminando este bello periplo transcantábrico en
Miranda de Ebro.
llegando a la localidad de Arija y siguiendo hacía el este llegar
a Soncillo, tomar el curso del río Nela y pasar por pintorescas
localidades, como Puentedey, atravesar Villarcayo y Medina de
Pomar y meterme por carreteritas locales, pasando por La Cerca,
Villate, y antes de llegar a Criales desviarme hacía San Pantaleón
de la Losa, Boveda, San Millán de San Zadornil, cercano al parque
natural de Valderejo y desde ahí llegar a Villanañe, Puentelarra,
Matallana y terminando este bello periplo transcantábrico en
Miranda de Ebro.
CARTOGRAFÍA: Mapas Regionales
de León y Cantabria,
escala 1:200.000, o, en su defecto fotocopias del trayecto esbozado
en un principio ó, con las nuevas tecnologías tipo tracks.
escala 1:200.000, o, en su defecto fotocopias del trayecto esbozado
en un principio ó, con las nuevas tecnologías tipo tracks.
CÓMO LLEGAR y VOLVER: Usé
tren para la ida y para la vuelta.
BICICLETA RECOMENDADA: Es
recomendable bicicleta de montaña,
aunque tampoco es imprescindible, pues sólo cogí pista en Saliencia,
Somiedo, el resto fue asfalto.
aunque tampoco es imprescindible, pues sólo cogí pista en Saliencia,
Somiedo, el resto fue asfalto.
DÓNDE PERNOCTAR: Existen
a lo largo de esta ruta múltiples
tipos de hospedaje, como campings, fondas, pensiones, hoteles, casa
rurales, etc.
tipos de hospedaje, como campings, fondas, pensiones, hoteles, casa
rurales, etc.
ÉPOCA: La ruta la hice
en Julio.
DIFICULTADES: Esta ruta es
exigente, pues el hecho de ir de oeste
a este, a lo largo de la cornisa cantábrica hace que se atraviesen
orografías, llamémoslas complicadas, aunque la belleza del recorrido
hace que este tipo de cosas, yo, personalmente, ni las contemple,
ni las note, son cosas “mundanas”. El recorrido es duro, pero nada
que alguien ya con cierta experiencia en viajes en bicicletas con alforjas
no pueda realizar, en más o menos días.
a este, a lo largo de la cornisa cantábrica hace que se atraviesen
orografías, llamémoslas complicadas, aunque la belleza del recorrido
hace que este tipo de cosas, yo, personalmente, ni las contemple,
ni las note, son cosas “mundanas”. El recorrido es duro, pero nada
que alguien ya con cierta experiencia en viajes en bicicletas con alforjas
no pueda realizar, en más o menos días.
ATRACTIVOS DE LA RUTA:
Esta ruta presenta numerosos atractivos, difícil hacer una
síntesis
de todos ellos, pero desde luego, el primero sería los entornos por
donde transcurre la ruta. Naturaleza: montañas, valles, ríos,
desfiladeros, bosques, faunas, ……….. bellos paisajes que
dejan un poso de quietud y serenidad en quien los recorre sobre
una bicicleta. La gastronomía en sus diferentes zonas, sus gentes,
siempre tan solicitas a echarte una mano.
de todos ellos, pero desde luego, el primero sería los entornos por
donde transcurre la ruta. Naturaleza: montañas, valles, ríos,
desfiladeros, bosques, faunas, ……….. bellos paisajes que
dejan un poso de quietud y serenidad en quien los recorre sobre
una bicicleta. La gastronomía en sus diferentes zonas, sus gentes,
siempre tan solicitas a echarte una mano.
Los diferentes tipos de arquitecturas, digna mención la
piedra
rosada de las casas en la comarca de Luna, una piedra muy
codiciada y cara últimamente para construir, el uso de la madera,
que desgraciadamente se esta perdiendo, como en los pocos ejemplos
de los hórreos, en Oseja de Sajambre.
rosada de las casas en la comarca de Luna, una piedra muy
codiciada y cara últimamente para construir, el uso de la madera,
que desgraciadamente se esta perdiendo, como en los pocos ejemplos
de los hórreos, en Oseja de Sajambre.
Los diferentes parques naturales que jalonan este itinerario
desde Somiedo hasta Valderejo pasando por Redes, Mampodre,
Picos de Europa, Nansa, Saja y Besaya, monte higuedo,
Valderejo y el entorno de las Merindades.
desde Somiedo hasta Valderejo pasando por Redes, Mampodre,
Picos de Europa, Nansa, Saja y Besaya, monte higuedo,
Valderejo y el entorno de las Merindades.
Es, ya digo, difícil clasificar los atractivos de esta
ruta,……
….hacerla y lo comprobareis con vuestros sentidos.
….hacerla y lo comprobareis con vuestros sentidos.
miércoles, 2 de julio de 2014
Texto
Sencillez, lentitud
Sencilla, como una mirada;
lenta, como el transcurrir de la luz.
La sencillez en unas líneas,
en unas formas geométricas puras.
El lento rodar de la suma
de dos triángulos y dos circunferencias
nos hace volar sobre la tierra,
deslizándonos por paisajes desconocidos,
cual sencilla ecuación, cuyo resultado
siempre da libertad.
Como dijo aquel arquitecto llamado:
Mies Van der Rohe: “Menos es más”.
Sencillez y lentitud contra complejidad y
prisas.
Vida contra muerte, luz contra oscuridad,……
………….siempre el Eros y el Thanatos.
Las bicicletas: sencillez y lentitud, contra
caos y prisas.
La armonía contra el desequilibrio y el caos.
lunes, 30 de junio de 2014
miércoles, 25 de junio de 2014
miércoles, 18 de junio de 2014
texto
Bicicleta
Qué palabra,
es escribirte y surgen
caminos y sendas,
bosques y cielos,
luces y sombras,
alegrías y recuerdos,
soledades y silencios.
Contigo llevas
inocencias y despertares,
tiempos de regalos,
libertades y sueños.
Es solo escribirte y ya ruedas:
Bicicleta.
Texto
“Dando vueltas a los pedales” (4)
Hace poco alguien escribió que ya no le gusta llevar ningún
distintivo reivindicativo y que llame la atención cuando circula en bicicleta
y, ese comentario me dejo meditabundo durante “cierto” tiempo.
Es cierto, que nada hay más rompedor para esta sociedad
adocenada y alienada que ver a alguien montado en una bicicleta; ese sencillo y
simple gesto de desplazarse ya es de por sí una acto revolucionario “per se”.
Estoy totalmente de acuerdo con él: no es necesario llevar nada que nos haga
llamar la atención, el mero gesto de alguien erguido, elegante, moviéndose con
sigilo y en silencio, es uno de los actos – visto desde el plano y la
perspectiva de una caótica ciudad como Madrid – más rompedores que pueda haber.
Parafraseando a Ivan Illich: “El acto más pequeño es
hermoso”.
“Una sociedad en la que cada cual supiera y apreciara lo que
es suficiente para vivir, quizá sería a ojos de alguien de este primer mundo
pobre, pero, seguramente sería rica en sorpresas y sería libre de ataduras de
las multinacionales y por ende: viva”.
miércoles, 11 de junio de 2014
texto
La bicicleta y la
palabra
Sigilosa se desliza la bicicleta,
silenciosas fluyen las palabras por el papel;
lentamente la bicicleta recorre caminos imaginados,
despacio, surgen las palabras de la oscuridad a la luz.
una tras otra, nacen las palabras, como una tras otra surgen
las pedaladas,
para llevarnos de la nada al todo, del vacío a la plenitud.
Con cada pedalada brotan palabras, como: horizonte, luz,
vastedad, infinito,
belleza, serenidad, armonía……………….
Con cada pedalada se llega a alcanzar ese horizonte, a estar
en la luz, a sentirse insignificante rodeado de la vastedad del paisaje, a
valorar los pequeños detalles entre tanta infinita vida, a apreciar la belleza,
a encontrar un poso de serenidad,
a estar en armonía consigo mismo y con lo que le rodea.
En cada pedalada, una palabra,
En cada viaje, un poema.
viernes, 16 de mayo de 2014
Ficha de Ruta
RUTA: Maestrazgo III
DURACIÓN: La ruta se hizo en 4 días, aunque es
preferible 5 días.
RECORRIDO:
Salimos de la localidad de Cantavieja,
subiendo el puerto de Cuarto pelado atravesando la localidad de Cañada de
Benatanduz y su impresionante desfiladero para llegar a Villarluengo y desde
ahí a Pitarque- visitando el nacimiento del río Pitarque-, como fin del primer
día.
Al día siguiente salimos
dirección Cuevas de Cañart parándonos a contemplar los órganos de Montoro y más
adelante cogiendo una pista que nos llevaría a dicha localidad, desde ahí nos
dirigimos a Molinos, Ejulve, y Aliaga, dando por terminado la segunda etapa de
la ruta.
El tercer día salimos de Aliaga
cogiendo un tramo de pista que luego al cerrarse continuamos por carretera
hasta Miravete de la Sierra y desde allí a Villarroya de los Pinares y
Fortanete; desde aquí subimos el puerto de Cuarto Pelado para coger una pista
que nos llevaría a Tronchón dando por acabado el tercer día.
El cuarto recorreríamos desde
Tronchón hasta Cantavieja pasando por Olocau de Rey y Mirambel
CARTOGRAFÍA: Mapa
regional de Teruel, escala 1:200.000.
CÓMO LLEGAR: Usamos
coches privados.
CÓMO VOLVER: Volvimos, lógicamente, en los mismos
vehículos.
BICICLETA RECOMENDADA: Es
recomendable bicicleta de montaña.
DÓNDE PERNOCTAR: Hicimos
noche en atrios de ermitas y albergues y pensiones.
ÉPOCA: La ruta se hizo en
Mayo.
DIFICULTADES: Esta ruta
presenta cierta dureza, pues el recorrido es exigente, el Maestrazgo es agreste
y duro, con paisajes cuajados de una geología retorcida a la par que bella.
ATRACTIVOS DE LA RUTA:
En la comarca del Maestrazgo Turolense dos elementos
configuran su paisaje: la roca y una serie de ríos como el Guadalope, el
Pitarque y el Palomitas.
Podemos encontrar tres tipos de paisaje diferenciado con
mayor altitud según se avanza hacía el sur. En la zona sur encontramos
altitudes de 1800 metros, cercanas a Cantavieja; en la zona media encontramos
barrancos y estrechos valles profundos con escarpes rocosos verticales como los
del Guadalope. En la zona norte el Maestrazgo ofrece sierras erosionadas con
curiosos plegamientos entre los que destacan los cercanos a la localidad de
Castellote.
Las bellas localidades, como Mirambel y Cantavieja, Cañada
de Benatanduz, Villarluengo, Pitarque con el bello nacimiento que da nombre a
la localidad y, la riqueza de Cuevas de Cañart, Molinos, hacen de esta ruta un
verdadero goce para los sentidos.
Acercaros y lo sabréis.
miércoles, 7 de mayo de 2014
domingo, 20 de abril de 2014
texto
Olores, aromas, viajes del tiempo
La calle estaba tranquila, sólo se oía el melodioso trino de
los pájaros; la leve brisa mecía las primeras hojas de primavera de los árboles;
caminaba sin rumbo deleitándome con la luz de la recién estrenada estación. En
el horizonte, el valle y las montañas dejaban apreciar la belleza de la
comarca; el bosque, casi se abrazaba con el pueblo como protegiéndolo de los
vientos del norte; había recorrido un buen trecho del viaje y acababa de llegar
a este pequeño pueblo donde me disponía a comer algo y descansar;
Al poco de atravesar la plaza, a mi olfato le llegaron, unas
gratas y desconcertantes sensaciones, me creí inmediatamente transportado al
pasado, a aquel pequeño cobertizo donde mi abuelo almacenaba viejos aperos, herramientas,
tablas de madera, mil y un artilugios de vete a saber qué uso, pero que tenía
un olor especial, una mezcla de madera almacenada, esparto y abono, un olor
hecho de tiempo; me vi arrastrado a aquellos días donde mi abuelo intentaba
arreglar aquella vieja y oxidada bicicleta negra, para que yo, su nieto,
pudiera empezar a saborear mis primeros riesgos, mis primeras inseguridades y,
también, con ello, mis primeras alegrías por vencer esos descomunales retos. El
aroma de aquel tiempo pasado me llevo a volver a ver el rostro ajado y curtido
de mi abuelo, que con su vieja boina y aquellos pantalones de pana sujetos con
aquel viejo y cuarteado cinturón de cuero iba de aquí para allá trasteando y
volviendo a dar vida a aquel tremendo armatoste de bicicleta, tal armatoste
era, que yo no llegaba a sentarme, iba casi siempre dando pedales de pie y, al
frenar tiraba como de unas varillas que hacían mover unas viejas y anquilosadas
zapatas de cuero produciendo un chirriante y molesto sonido; hasta los gatos salían
como rayos cuando me veían venir.
¡¡Que tiempos aquellos!!, cuando mi abuela, toda de negro y
con un pequeño moño recogiendo su pelo encanecido, encorvada ya por los años,
nos miraba con sus límpidos ojos azules y nos dejaba sobre la mesa de la cocina
aquellas magdalenas recién sacadas del horno, de las cuales dábamos rápida
cuenta, mis hermanas y yo.
La vieja casa de piedra, con su pequeño porche, donde en las
noches de verano nos quedábamos embobados y en silencio observando el cielo y,
maravillándonos de aquella enorme estela de infinitos puntos de luz; más tarde,
supimos, pasados los años, que esa enorme estela tenía un nombre: la vía
Láctea.
Todos estos recuerdos me vienen ahora, en este momento, me
los trae la dulce brisa de esta primavera, en este pequeño pueblo. Es, como si
ella me envolviera y me transportara a aquel tiempo, ya remoto.
Viajar con lo intangible, viajar con lo etéreo,…………… quizá
también sea viajar.
miércoles, 9 de abril de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
miércoles, 12 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
viernes, 7 de marzo de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
texto
En un dibujo, un
instante de luz
El viajero paro su bicicleta, freno justo enfrente de un
prado, presidido por un gran árbol, teniendo a la vista todo el valle,
desdibujándose éste en el infinito, en una atmósfera cargada de una luz
vaporosa y etérea. El paisaje tenía algo de mágico y por eso el viajero bajo de
su bicicleta y fue a sentarse debajo del gran árbol.
Cogió su pequeño cuaderno de campo, un lápiz y, con pequeños
y suaves trazos empezó a esbozar un dibujo, percibió que la luz venía con
cierto ángulo desde su derecha y, las sombras, difusas, dejaban tenues siluetas
oscuras en los matorrales a su izquierda. Enmarco en el papel la colina y
varias rocas que sobresalían del suelo y con trazos leves empezó a definir uno
de los grandes robles que tenía cerca de él. Su mirada se alejo del papel por una leve fracción de tiempo
y se poso en las pequeñas gotas de roció de la hierba que tenia rozándole las
piernas, las gotas semejaban pequeñas perlas de luz reflejando cada una al sol,
observó que la luz acariciaba las hojas del roble dejando apreciar su suave
terciopelo y, en el envés, éste, ofrecía cierta palidez verdosa, las raíces del
tronco le rodeaban como en un abrazo vegetal ofreciendo a su tacto una textura
rugosa, dura, como de un ser ancestral, de
un ser pétreo. A su lado, las pequeñas hormigas se afanaban en llevar alimentos
al hormiguero, en un imparable ir y venir.
Siguió con su dibujo, despacio, intentando captar los
volúmenes, las sinuosas líneas de las ramas del roble, ese ritmo intrínseco de
su crecimiento, en busca de la luz.
El continúo trino de los pájaros y un dulce aroma, entre
ellas la lavanda y el tomillo le envolvía, despacio, fue dando volumen al árbol
a base de pequeños trazos que creaban sombra allí donde la luz del sol no
incidía directamente. En el papel se iba perfilando con suaves trazos negros
aquel pequeño paisaje que el viajero veía………..
…………..
Y, la luz se fue lentamente deslizando y con ella las
sombras, el día seguía su curso y el viajero su viaje, allí atrás quedaba el
árbol, las rocas y la suave colina, con los pájaros danzando en un límpido
cielo azul.
Por la pequeña carretera una silueta se deslizaba lenta,
sigilosa, casi etérea, sobre una bicicleta, abrazada por aromas de primavera.
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